Yo también escupiré sobre vuestra tumba

Yo también escupiré sobre vuestras tumbas

Ángela

8-11-2024

El título de un libro es muy importante. Un buen título te puede descubrir un autor. Eso me pasó hace muchos años con Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian. Me llamó la atención sobre un autor al que no conocía de nada. ¿Quién puede albergar tanto odio, tanta rabia, para decir algo así? Al cabo de los años, y visto lo visto, yo también escupiré sobre vuestras tumbas.

Escupiré sobre las tumbas de todos los diputados que, con muertos ya en las calles, suspendieron la sesión de control e interpelaciones en el Congreso para no tener que dar explicaciones sobre sus actos, para, seguidamente, los socialistas y sus socios podemitas, independentistas y ultraderechistas, votar el decreto ley que le da a Pedro Sánchez el control absoluto de RTVE. Sólo PP, Vox y los dos representantes de Compromís se salieron del Congreso.

Me detendré a escupir con mayor delectación a los diputados valencianos, mayoritariamente del PSOE, que se quedaron y votaron. Espero que vuestros paisanos, en ese momento luchando contra los elementos y muriendo ya por decenas, no os perdonen nunca. Miserables.

También me detendré especialmente en los diputados del PSOE y Podemos que a continuación comunicaban que no iban a hacer ninguna declaración política durante los tres días de luto decretado por el gobierno, no vaya a ser que alguien se vaya de la boca cuando le pregunten por qué no podía esperar esa votación que pone, todavía más, la televisión española al servicio del gobierno.

Mención aparte merece el miserable de Patxi López. Cuando le preguntan por qué no habían suspendido la votación, responde: “No conozco a ninguna empresa que haya suspendido su actividad más que las directamente afectadas”. Está claro, como esas empresas de las que habla, el Congreso no está directamente afectado por el horror que está padeciendo en esos momentos la población en Albacete o Málaga y, sobre todo, en Valencia, por eso no suspenden el pleno. Qué tipo más abyecto.

Otra para dar de comer aparte, es una tal Aina Vidal Sáez, portavoz de Sumar en el Congreso. Esta tía con cara de gilipollas integral, que lleva 20 años viviendo de la política, sin estudios, sin haber trabajado en su vida y cobrando una pasta gansa, dice que “los diputados no están para achicar agua”. Lo que todos nos preguntamos es para que estás tú y tantos otros como tú, mala pécora ¡Qué guantazo con la mano abierta!

Otra que se merece nuestro más absoluto desprecio es Nuria Montes la Consejera de Turismo de la Comunidad Valenciana, una soberbia del PP que de forma déspota, insultante, se dirigía a las personas que habían perdido a sus familiares diciéndoles que de ninguna de las maneras se les permitiría acceder al improvisado tanatorio. Esta mujer despreciable tendría que haber dimitido ya, aunque saliera pidiendo perdón. No hay perdón.

Tampoco tiene perdón el presidente Mazón, fundamentalmente, por su ineptitud. Si no eres capaz de organizar, te vas, y punto.

Por supuesto, escupiría sobre la tumba de todos los ministros del gobierno, no me dejaría ni uno, pero escupiría con más fruición sobre algunos de ellos. Concretamente sobre el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, (después de Pedro Sánchez, es el tipo más siniestro y despreciable que existe), que durante días no ha enviado efectivos suficientes para atender a la población y encima nos toma por imbéciles cuando dice que no se da el número de desaparecidos después de una semana porque a lo mejor la DANA no es la causa de su desaparición. Esto lo dice un ministro del Interior.

Diez días han pasado desde la infernal tormenta hasta que, desde su ministerio, han dado las primera cifras de desaparecidos. Se le ha preguntado por activa y por pasiva y no ha respondido, y cuando lo ha hecho, es como para cerrarle la boca de golpe. Miente.

La desinformación sobre los desaparecidos es un claro ejemplo de ingeniería social:

Cada día aumentan el número de muertos, pero, van pasando los días y no hay noticias sobre  los desaparecidos. De repente, alguien (¿) empieza a hablar de un garaje de tres plantas que la misma guardia civil dice que les preocupa. Toda la atención se centra a partir de ese momento en dicho garaje.

Todos los medios de comunicación, de izquierdas y de derechas, pone en primera línea de información el siniestro garaje:

El diario.es: La catástrofe en el parking de un centro comercial de Aldaia: “No se sabe cuánta gente puede haber dentro”.

Antena 3: El parking de Bonaire podría esconder más víctimas mortales tras la DANA: “Muchos bajaron a salvar su coche”.

Telecinco: Lanchas de la UME logran entrar en el aparcamiento del centro comercial Bonaire: “Se espera lo peor”.

El Correo: La catástrofe en el parking de un centro comercial de Bonaire: “No se sabe cuánta gente puede haber dentro”.

La Vanguardia: La peor pesadilla puede ser realidad: el parking del centro comercial Bonaire de Aldaia.

Y así todos. Pero, curiosamente, los mismos medios que han salido con estos titulares, están machacando a Iker Jiménez y tachándolo de generador de bulos por decir lo mismo que ellos.  Son verdaderos canallas.

Se ha llegado de dar, incluso, una cifra del número de muertos en ese garaje: 1.900 (algunos 2000)

El verdadero motivo para no dar la cifra de desaparecidos es engañar a la población. Así funciona la ingeniera social: Dejamos que circule el rumor de que hay casi dos mil muertos en un lugar que toda Valencia conoce porque es el garaje de un gran centro comercial. Cinco mil plazas entre el aparcamiento interno y externo. Tres plantas de garaje. Teniendo en cuenta la magnitud del desastre, no sería nada extraño que hubiera cientos de muertos o miles dentro de los coches, de hecho, sería muy factible.

Nadie sabe de dónde ha salido esa cifra. Se dice, se cuenta, alguien que sabe lo ha dicho… en fin, toda una maniobra para mantener a la población en vilo: todo es horrible, pero puede ser mucho peor aún. El terror aumenta con el transcurso de las horas, de los días.

Y, entonces, entran los buzos de la guardia civil. Primer piso y no hay cadáveres. Pero, cuando entren en la segunda planta, va a ser horrible. Tampoco hay cadáveres. Por tercer día consecutivo entran los buzos y no hay ningún fallecido en todo el garaje.

Por fin, alivio para todos los españoles que hemos seguido con el alma en vilo el rescate de los supuestos fallecidos.

¿Qué queda en nuestro subconsciente? Que 224 muertos y 78 desaparecidos (a día de hoy) no son nada comparable con lo que podía haber sido. De repente, los muertos que podrían haber sido, se han reducido hasta en un 90 por ciento. Un gran éxito para el gobierno.

La realidad es que la terrible tormenta de Valencia ha producido el mayor número de víctimas de cualquier accidente natural en España. Pero podría haber sido mucho peor si se hubiera cumplido el rumor de algo que alguien lanzó y que nunca existió.

Así funciona la ingeniera social. La manipulación es total, y funciona, vaya si funciona.

Otra merecedora de un escupitajo mayor es la ministra de Defensa, Margarita Robles, que con decenas de muertos en las calles, dice que el ejército no puede ocuparse de todo. Mejor no ocuparse de nada, como han hecho durante casi una semana. El ejército español podía ir inmediatamente, tras el terremoto, a Marruecos, porque, como decía la misma ministra, las primeras 24 horas son vitales. Los marroquíes sí se merecen la ayuda inmediata de ejército español, los españoles podemos esperar cuatro días; nuestras vidas no son importantes.

Hay muchos más merecedores de nuestro repudio, pero nadie se lo merece más que el presidente Pedro Sánchez que, aun pidiéndoselo, no sólo los ciudadanos valencianos, sino todos los españoles, no ha enviado el ejército porque no le ha dado la gana. Ni el ejército, ni suficientes policías y guardias civiles.

Los ciudadanos hemos asistido impotentes ante la chulería de un presidente de gobierno que con decenas de muertos y desaparecidos, pueblos destruidos, miles de personas en la calle, con sus casas anegadas, el tío dice que “si necesitan ayuda, que la pidan”. ¡Qué infame¡

Mucha chulería, pero se acobarda ante unos cuantos ciudadanos desesperados que no soportan su visita a la zona devastada cinco días después. Se acojona tanto que no puede ni andar; lo tienen que sacar entre varios guardaespaldas. Parece un zombi.

Esa imagen le perseguirá durante toda su vida. La imagen de Felipe VI, incluso de la reina, soportando el barro, los gritos de la gente, los insultos y él huyendo, dejando abandonados a los reyes a su suerte, no la va a olvidar en su vida. Y nosotros, tampoco.

 

Boris Vian. Escupiré sobre vuestra tumba. (J’irai cracher sur votres tombes) Versión de Juan Alcover. Azanca/Júcar. Octubre 1977

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