La revolución en Cuba: de la pobreza a la miseria
Ángela
28-11-2025
Nos llegan a diario decenas de mensajes de ciudadanos cubanos que muestran el desastre de su país. Calles llenas de basura, baches a lo largo de todas las calles, personas mayores buscando comida en la basura; salas hospitalarias sucias, destartaladas; enfermos tirados en el suelo de los hospitales; edificios, magníficos en su día, desmoronándose a la vista de todos sin que el gobierno haga nada por evitarlo. Y así todo.
Uno de los vídeos es espeluznante: una niña de unos diez años sentada en una acera sostiene en sus rodillas a otra niña de nueve años enferma de cáncer, según comentan los vecinos arremolinados alrededor de las niñas. La niña está inconsciente y lleva una vía y vendas que se supone le han puesto en el hospital. La hermanita mira asustada a todos adultos que dan vueltas a su alrededor. No dice una palabra, ni llora. Los vecinos miran, hablan, pero nadie se agacha a consolar a las pequeñas. Después de rato sin que nadie se anime a ayudarlas, uno de los presentes se decide y tomando a la niña en brazos se la lleva a una tienda, según exclama la mujer que graba la escena. Otra dice, con razón, que su madre no puede soltar a una niña enferma a la calle. Y es cierto, pero está claro que el hospital la ha mandado a casa y su madre no tiene medios para cuidar de ella. Ver esto produce náuseas. (No puedo poner el vídeo porque es terrible y con verlo no se soluciona el problema de estas criaturas).
Esto no es nuevo. El desastre viene de lejos. El régimen cubano desde sus inicios ha mantenido a los cubanos en la pobreza. Ha sido incapaz de mejorar la vida de los ciudadanos. En realidad, la ha empeorado constantemente.

Quizás esa era su intención desde un principio: mantenerlos en la pobreza porque así las poblaciones son más vulnerables y se muestran incapaces de enfrentarse al poder. Un régimen como el cubano necesita esclavos. Y los tiene, vaya si los tiene.
Para mantenerse en el poder tenían que acabar con la clase media que es la que pelea por sus derechos, la que se niega a aceptar las condiciones de los dictadores. Por eso fueron directamente contra los pequeños empresarios, contra los que tenían un pequeño taller, los que tenían una tienda de ropa, un taller de confección. Acabaron con todos.
La alta burguesía se marchó porque tenía medios para hacerlo; y los que se quedaron, se mimetizaron con el régimen. Al fin y al cabo son lo mismo. Los dirigentes comunistas son la oligarquía del régimen. Ellos viven como ricos a costa de la pobreza de la población. Los dirigentes mandan a sus hijos a las mejores universidades, les compran los coches carísimos con los que se pasean por París, Nueva York, Madrid… Se alojan en los hoteles más caros, navegan en yates que atracan en cualquier puerto del mundo. Viven como Dios mientras los pobres cubanos viven en el infierno.
Los cubanos ya no son ciudadanos; han perdido su condición de ciudadanos porque les han quitado la libertad de expresión, de circulación, de opinión…nada les queda. Ni siquiera la esperanza. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde; pues los cubanos la han perdido, así es que no les queda nada.

Es un país económicamente en la ruina más absoluta. Y una población moralmente aniquilada. Una madre es capaz de dejar a su hija enferma tirada en la calle bajo la sola protección de su hermanita de diez años. Y los vecinos las miran nerviosos pero no se animan a recogerlas porque cualquiera sabe si las autoridades se harán cargo de ellas. No se fían.
A la desconfianza con el régimen le ha seguido una desconfianza a todo y a todos.
El triunfo económico de la revolución ha consistido en pasar de la pobreza a la miseria. Un éxito total y absoluto. Los cubanos a duras penas se mantienen con el dinero que les envían los familiares que viven fuera del país. Eso les permite comer si en los mercados controlados por el gobierno encuentran algo que echarse a la boca, o si por suerte, tienen acceso a las tiendas para extranjeros. Los que no tienen familiares fuera del país sobreviven difícilmente.
Ya sólo les faltaban los apagones. Apagones de varios días que les impiden incluso calentarse un poco de agua para hacerse una sopa. Ni electricidad ni ninguna otra forma de energía tienen.
Hay una posibilidad de supervivencia: acabar con los miserables que tienen sojuzgado a un país. Esa es la esperanza.
