El reemplazo de Irene Montero

El reemplazo de Irene Montero

Ángela

6-2-2026

Se preguntaban hace unos días en El Búho, podcast de José García Domínguez, Cristina Losada y Eugenia Gayo, si Irene Montero estaba loca. No sé a qué conclusión llegaron, pero no es una pregunta hecha a tontas y a locas: es la que nos hacemos todos los que alguna vez la hemos escuchado. Lo mismo que cada vez que escuchamos las sandeces de Yolanda Díaz nos preguntamos si es tonta y, digo más, rematadamente tonta. Son los dos ejemplos más claros de la bien colocada ultraizquierda: gente sin dos dedos de frente que han llegado a dónde están (en su caso, a ministras y una de ellas a vicepresidente) porque a los listos de la película les vienen bien para conseguir sus objetivos.

¿Cuál es el último tema que han sacado a colación los asesores de Pedro Sánchez para tapar los accidentes mortales en los trenes, o para que no se hable de otra cosa hasta que pasen las elecciones en Aragón, a ver si así consiguen salvar los muebles? La regularización de 500.000 ilegales. Ni más ni menos. Hay que tirar a lo grande para lograr el objetivo. Un bombazo de este calibre lo tapa todo.

¿Quién es la persona indicada para esta ocasión? Pues quien va a ser: la bocazas de Irene que sale a la palestra después de hablarlo con su amiguita Ione Belarra que, algo más inteligente, le dice: sal tú que a mí me da la risa.

Y ahí está la inicua Irene gritando a todo lo que da: «Claro que quiero que haya reemplazo de fachas y racistas y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea china, negra o marrona». Toma ya, la hasta hace un momento ultraizquierdista que llamaba fascista a todo quisqui: feministas que no están de acuerdo con la hormonación de niños y niñas, fascistas; cualquiera que afirme que un hombre es un hombre y una mujer es una mujer, fascista; el que diga que en proporción los extranjeros cometen más delitos que los españoles, fascistas (aunque los datos oficiales les den la razón); los que se niegan a aceptar que unos tipos ocupen su casa, fascistas (la ocupación no existe en España, afirman alegremente); en fin, fascista el que hable de reemplazo de la población. O sea, la mismísima Irene Montero. La fascista Irene Montero.

Que digo yo, Irene, que no hace falta que te desgañites, que lo tienes muy fácil tú y tus amiguitos de clase: os vais toda la pandillita a esos países donde no hay fachas ni racistas. A Marruecos, sin ir más lejos. Total, sois cuatro gatos y nadie se va a enterar de vuestra ausencia. Así, todos contentos: los millones de españoles a los que insultas cada día (que para el caso que te hacemos, te lo podías ahorrar. A ver si te enteras, Irene: no te hacemos ni puto caso). Y, en cambio, haríais felices tú y tu banda a los dirigentes marroquíes, siempre encantados de recibir a cualquiera que insulte a España y a los españoles. Además, Irene, no tendrás que bajar tu nivel de vida. Los ciento cincuenta mil euros que cobras se quedarán cortos con lo que te pueda pagar Mohamed (aunque aquí entre tu novio y tú os lleváis un pico). Deben pagar de puta madre los marroquíes porque no son pocos los políticos españoles que se han instalado allí, o pasan largas temporadas: José Luis Rodríguez Zapatero, Felipe González, Miguel Ángel Moratinos, María Antonia Trujillo, Elena Valenciano, José Bono, etc. Y no sólo del Psoe. Ana Palacio, pasó de diputada y exministra de Asuntos Exteriores con el PP, a integrar en 2017 el consejo asesor de la Sociedad Estatal de Fosfatos de Marruecos con el fin de defender que el territorio del Sahara Occidental forma parte de Marruecos. En fin, alguno más queda por ahí.

Por cierto, los marroquíes tienen que estarte muy agradecidos porque no dijiste ni una palabra cuando el puto amo Sánchez decidió ofrecerles el Sahara en bandeja. Ni una palabra, ni un gesto, ni tú ni los miserables que te acompañan.

Como ya hemos dicho, los mil la asesores de Pedro Sánchez están buscando permanentemente a quien poner de pantalla para que al puto amo no le llegue la mierda. De ahí, el protagonismo de Irene Montero en las leyes más nocivas que se han decretado durante su mandato. Será ella la que vaya a la cárcel cuando nos encontremos con una cantidad enorme de personas reclamando al Estado por las mutilaciones sufridas durante su infancia y juventud.

No podía ser un hombre, tenía que ser una mujer la elegida para volver locos a los niños y, sobre todo, las niñas ¿Quién se iba a tragar que a niños de doce años se les pueda hormonar en contra de la opinión de los padres? ¿Quién puede admitir que a una joven le extirpen los pechos al cumplir los 18 años, si así lo desea, e incluso con 16 o menos si los padres, abrumados por la situación, consienten? Nadie en su sano juicio admitiría algo así. Pero, si lo piden las mujeres… Así, tras un proceso de propaganda salvaje desde el gobierno, con los medios de comunicación afines insistiendo un día sí y otro también en que un niño puede ser una niña si quiere, y viceversa; que no somos hombres ni mujeres, que nosotros decidimos lo que somos, en una idea loca, absolutamente demencial propagada desde los poderosos centros de control mental; después de esas campañas que han producido un desconcierto total entre niños y adolescentes, los padres, aterrorizados, consienten en la mutilación de sus propios hijos. Ni Mengele lo tuvo tan fácil.

Una vez conseguido el objetivo de enloquecer a los jóvenes, vamos a otra cosa. Y ahí tenemos de nuevo a la perversa Irene insistiendo en que los niños pueden tener “relaciones sexuales con quién les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento” ¿De qué niños habla? La edad mínima para el consentimiento sexual en España es de 16 años. La relación de un adulto con un menor de esa edad es considerada violación aunque consienta. Así es que, el comentario de la Montero no viene a cuento si habla de mayores de 16 años. Si habla de menores de 16 años, está promoviendo la pederastia.

Los pederastas están presionando desde hace muchos años para que cambie la ley y poder manifestar sus perversiones sin problemas. En Francia, Simone de Beauvoir, Sartre, y otros perversos intelectuales se manifestaban en los años 70 para conseguirlo. Irene está emulando a sus ídolos. Si lo que busca es pillar algún voto, los pederastas la votarán siempre. También tiene que ser una mujer la que abogue por bajar la edad de consentimiento. Y las hay, ¡vaya si las hay!

Estos grupos seguirán intentando su propósito y nosotros haremos todo lo necesario para evitarlo.

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