El bulo de que la ley es igual para todos

El bulo de que la ley es igual para todos

Ángela

20-2-2026

 

El caso del DAO acusado de violación pone de manifiesto, una vez más, que la ley no es igual para todos.

 

Los pringaos

Un joven sale a tomar unas copas después de 8 días de trabajar sin descanso. Le para la policía municipal en uno de sus controles aleatorios. El joven conducía normalmente. No había puesto en peligro a nadie, ni a sí mismo. Llega la policía nacional, le hacen soplar y da más de lo permitido. No le dejan continuar. Normal. El joven llama a su hermano para que venga a recogerle. Y rápidamente se presenta, al mismo tiempo que la grúa a la que han avisado los municipales. Están subiendo el coche cuando él llega. Le pide a la policía que, por favor, lo bajen, que él se lleva el coche y le dicen que de ninguna manera, que vaya a recogerlo al depósito. No consigue hacer razonar al tipo y la grúa se lleva el coche. Bueno, pues vámonos, le dice a su hermano. No, éste se viene con nosotros, le dice el policía con malos modos. Ante su insistencia, le dice que se calle o se lo lleva también al calabozo. Un déspota estúpido. Conclusión: el coche se lo llevan al depósito (tendrá que pagar para sacarlo, además de la multa) y el joven pasa la noche en el calabozo aunque no ha cometido ningún delito. No ha insultado a nadie, no ha robado a nadie, no ha maltratado a nadie, no ha herido a nadie, no ha violado a nadie.

Se han inventado los delitos preventivos. La multa conlleva la pérdida de carnet. Esto entra dentro de lo razonable, pero ¿detenerlo y llevarlo al calabozo? ¿Por qué? ¿Son admisibles leyes que castigan preventivamente?

 

Una mujer llama a la policía gritando que su marido le ha pegado. Cuando llega la policía, el hombre no está en casa. Se acaba de marchar, dice ella, que presenta un golpe en la frente y unos arañazos en los brazos. La mujer pone la denuncia en la comisaría y a las pocas horas detienen al marido y lo meten en el calabozo, y allí pasa la noche, a pesar de insistir en que lo que decía su mujer era falso. En el juicio, el hombre puede demostrar que no estaba en casa cuando ella dijo que la había atacado. El golpe y los arañazos que presentaba se los había hecho ella. Era una denuncia falsa. ¿Le pasó algo a la mujer? Nada, absolutamente nada.

 

Los intocables

Una mujer, inspectora de policía por más señas, presenta una querella en el juzgado por violación contra el DAO, José Ángel González Jiménez, el más alto cargo de la policía con labor ejecutiva (su superior es un cargo político). Al tipo no lo detienen, como hacen con cualquier hombre al que una mujer acuse de abuso sexual, sin comprobar si la acusación es verdadera o falsa. De momento, se lo llevan al calabozo. Luego se verá. Pues al DAO, no sólo no lo han detenido, si no que tres días después sigue con coche oficial, con sus escoltas y con la casa oficial.

Claro que tiene derecho a la presunción de inocencia, pero también la tiene el hombre que es acusado falsamente por su mujer y, sin embargo, es enviado inmediatamente al calabozo. En su caso, la mujer afirma tener una grabación de la agresión de cuarenta minutos. Aún así, se mantiene la presunción de inocencia.

La situación de esta mujer es terrorífica, pueden hacer una película con su caso, y el resultado no sería una película policiaca; sería una película de terror, porque el DAO es el policía de más alto rango de los que llevan pistola. Que el capo de todos los capos de la policía te persiga da pánico. Nadie puede dar más miedo que él. Y ella, que es policía lo sabe. Por eso no denuncia la agresión en la policía, si no que presenta una querella directamente en el juzgado. Tampoco quiere que las pruebas que tiene las analicen policías, pide que las analice la guardia civil. Sabe que no se puede fiar de nadie dentro de la policía. Todos temen al DAO.

Al mando de González Jiménez hay 75.000 hombres con pistola como él. La mayoría no harían cosas que fueran contra su conciencia si el jefe les ordenara vigilar a esta mujer, pero con que sólo aceptaran seguir sus órdenes el 1% de los policías, podría tener tras ella a 750 hombres y mujeres con pistola. Muchos son. Demasiados para una sola persona. ¿Alguien se inventaría algo así sabiendo el poder del denunciado? De momento, la mujer ha aceptado la protección oficial que el ministerio del Interior le propuesto. Si le ofrecen protección por algo.

Un tipo que comenzaba su carrera profesional pegando tiros en un puticlub, según la prensa, estaba claro que llegaría muy lejos. Él y su amigo, Segundo Martínez (el que le encubrió en ese caso), han seguido juntos en su imparable ascenso al Olimpo de la policía. Del tal Segundo, hay quien afirma que es el verdadero ministro del Interior ¿Quién va a toser a estos dos?

Al DAO nadie podía hacerle nada. El poder era él. Era intocable. Ha sido intocable. Ha perseguido a una mujer (¿una sola mujer?), y le han tapado sus fechorías sus subalternos; ya veremos si también el propio ministro del Interior. Los intocables cometen cada vez más fechorías porque saben que nadie osará pararlos.

 

El caso del príncipe Andrés de Inglaterra es el de otro intocable. Ha pasado años y años abusando de niñas menores de edad. Pero es el hijo de la reina, nadie le puede tocar. Su cara de alucinado cuando le detienen muestra su incredulidad. ¡Me están deteniendo, a mí, al hijo de la reina de Inglaterra! Al menos a éste le han tenido diez horas detenido. Al DAO, ni eso.

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