Mujeres satánicas
Ángela
28-8-2026
Estamos asistiendo a un espectáculo absolutamente lamentable. Miles de mujeres en Estados Unidos están apoyando a Lindsay Clancy, una mujer que está siendo

juzgada en estos días por matar a sus tres hijos: Cora, de cinco años, Dawson, de tres, y Callan, de apenas ocho meses. El 24 de enero de 2023, Clancy envió a su marido a hacer unos recados y aprovechó ese momento para acabar con la vida de los niños.
Le llevó su tiempo. No fue cosa de cinco minutos, fueron 18 los que tardó en realizar las compras su marido que cuando llegó a casa se encontró a su mujer sangrando en el jardín, pues se había tirado por una ventana del segundo piso de la vivienda (tuvo mala suerte, con esa altura podría, como mucho, romperse una pierna, pero se quedó parapléjica). Dentro se encontró a sus hijos muertos.
La escena es propia de una película de terror: una mujer joven bajando al sótano con uno de sus hijos en los brazos, lo deposita en el suelo, coge una cinta elástica de las que se usan para hacer gimnasia, se la enrolla al cuello y tira hasta provocarle la muerte. Allí lo deja. Sube de nuevo y de la misma manera mata al segundo. Lo deja allí tirado y sube a por el tercero y de nuevo le ata la cinta al cuello y lo mata. En el transcurso del horrible crimen su marido la telefoneó para preguntarle algo y ella contestó tan tranquila, como si no pasara nada. Disimuló perfectamente.
La secuencia de los crímenes dura 18 minutos, tiempo más que suficiente para que, si estaba en estado de enajenación, se hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo y podría haberse salvado alguno de los niños. No fue así. Los tres niños murieron a manos de su madre.
No es el primer caso. Hombres y mujeres han asesinado a sus propios hijos por distintos motivo. En España uno de los casos más siniestros es el de una mujer que ahogó en la bañera a su hijo de 8 años porque la mujer había comenzado una relación con un tipo y no quería que supiera que tenía un hijo. Le presentó al niño como su sobrino pero ante el temor de que descubriera el engaño, decidió matarlo. Así, sin más.
Otro caso muy sonado fue el de Tomás Bretón que asesinó a sus hijos y los quemó hasta que sólo quedaron cenizas. Unos trocitos minúsculos de huesos sirvieron para descubrir al criminal.
En ninguno de estos casos, y otros que se han producido a lo largo del tiempo, han salido en masa mujeres defendiendo a los asesinos. A nadie en su sano juicio se le ocurre salir a manifestarse a favor de un asesino. Al menos, hasta ahora nadie lo había hecho.
¿Qué empuja a miles de mujeres a salir a la calle a defender a una asesina? Han conseguido recaudar más de un millón de dólares para pagar su defensa. Aplauden a
la mujer cada vez que sale del juzgado siguiendo el recorrido del coche. Afirman que la mujer ha matado a los niños porque estaba sufriendo una depresión (otros dicen psicosis) posparto. Es posible, pero no lo saben.
Clancy puede ser una asesina o una enferma, pero las mujeres que la apoyan son malvadas. No han recordado en ningún momento a los tres niños muertos, no han sentido compasión por ellos. La víctima es el verdugo: esa pobre mujer que tuvo que soportar a un marido que se iba a jugar al golf y a tres niños que la desesperaban.
Todas esas mujeres que aparecen en vídeos que ellas mismas han grabado tirando vasos de agua a un bebé de seis o siete meses y riéndose a carcajadas mientras el niño llora, o las que llevan una camiseta con la frase “Same Lindsay” (igual que Lindsay) y ponen cara de asco, o de angustia mientras sujetan a sus hijos de mala manera, esas mujeres son satánicas.
Mujeres que aplauden a una persona que ha matado a sus tres hijos no tienen alma. Clancy ha admitido ser la autora de los crímenes. Pobres niños que no pudieron en ningún momento defenderse del monstruo en el que se convirtió su madre.
Son satánicas esas mujeres que se ríen entre ellas en el juicio, que guiñan el ojo a la cámara riendo de forma absurda.
Son satánicas, como lo son las mujeres que aplauden a la gobernadora de
Massachussets cuando firma el aborto sin límites. A partir de ahora, al igual que ya pueden hacer en otros once estados en Estados Unidos, una mujer podrá abortar

hasta el noveno mes de gestación, hasta el último día antes del parto. Y esas satánicas, felices por haber logrado que la ley permita el asesinato de niños. Es dantesco.
Los niños se han convertido en enemigos de esas mujeres. Los niños son los monstruos que no permiten a las madres realizarse, que les impiden ser felices, que les coartan su libertad. Ellas, que podrían ser tan felices viajando por el mundo, sin ninguna responsabilidad, como mucho la del trabajo, que para algunas se ha convertido en el fundamento de sus vidas, tienen que soportar los llantos de un niño o tener que sacarlos al parque. Les hacen sufrir tanto que a algunas no les queda más remedio que acabar con sus vidas. Pobrecitas. La sociedad, que no se hace cargo de sus problemas, les obliga a matar a sus hijos, con lo que ellas los quieren. En fin: muerto el perro, se acabó la rabia.
Para no llegar a tener que matarlos una vez nacidos, las hay que prefieren acabar con su vida antes, y llegan al extremo de asesinar a sus hijos en su vientre un día antes de salir a la vida. Así, todos se ahorran sufrimiento: ellas no teniendo que soportar a esos mierdecillas que no las dejan en paz; y los bebés ahorrándose el odio y el maltrato de sus madres. Las hay que dicen alegremente que han abortado por amor a sus hijos, para ahorrarles el sufrimiento de vivir (he visto un vídeo de una mujer declarándolo. No lo pongo porque da náuseas). Ella está muy feliz con su vida, pero su hijo no lo sería, para él es mejor morir antes de nacer. Aborta por amor. Porque no hay nada como el amor de una madre.
Lo peor es que la sociedad a la que ellas acusan de sus males traga con todo. Todas las maldades se admiten como la cosa más normal del mundo. La izquierda es la abanderada de todas estas atrocidades. Si alguna persona se atreve a denunciar públicamente estas barbaridades son tildadas de fascistas.
El feminismo loco ha roto la cabeza de muchas mujeres y, al menos por el momento, no parece muy factible su recuperación.

Por cierto, el pasado 10 de agosto otra mujer, Kailey Erhart, también estadounidense, degolló a sus tres hijos pequeños de 3 años, 1 año y 5 meses. Sólo se salvó, a pesar de las heridas, el bebé de un año. La malvada le envió al padre, que se estaba separando de ella, un vídeo al móvil en el que le decía «Despídete de tus hijos». Quizás mató a sus hijos animada al ver el apoyo recibido por Lindsay Clancy.
