Continúan los asesinatos en masa en Siria
Ángela
15-3-2025
Las matanzas de civiles (cristianos, drusos, alauitas), a manos de los asesinos de Hayat Tahrir al-Sham o HTS (organización terrorista nacida como filial de Al Qaeda que se formó con la unión de distintas organizaciones para acabar con el gobierno de Al Asad), continúan a un ritmo
frenético, mientras los políticos estrechan la mano de Abu Mohamed al Jolani, actual presidente de Siria y jefe de los asesinos, y los medios de comunicación nos presentan estas matanzas de civiles como enfrentamientos entre “el servicio de seguridad del nuevo gobierno y musulmanes alauitas seguidores de Al Asad”, según Almudena Ariza, corresponsal de RTVE.
Vemos desaparecer a Siria de la historia como hemos visto desaparecer a Iraq, Afganistán, o Libia. Siria es el primer país cristiano de Medio Oriente y prácticamente han desaparecido los cristianos, como desparecieron en los otros países mentados. La pretensión con estos actos destructivos es terminar con una parte fundamental de la historia de estos países. Estos fanáticos han destruido iglesias con el mismo ímpetu con el que han destruido la vida de tantas personas. Familias enteras han sido asesinadas, jóvenes, niños, viejos, han sucumbido a su bestialidad. Sólo puede quedar el islam sunita. Todo lo demás será aniquilado.
Los han asesinado de forma brutal: han ejecutado a tiros a hombres después de humillarlos haciéndoles arrastrarse por el suelo. Los han degollado delante de sus familias; han violado y degollado a mujeres, han fusilado a niños. Estos animales han crucificado a hombres cristianos y los han dejado a la

intemperie para que se los coman las alimañas. Y todavía los medios de comunicación los siguen presentando como moderados que “han dicho” que van a respetar todas las creencias tanto políticas como religiosas, cuando ellos mismos han declarado por activa y por pasiva que querían acabar con Al Asad para imponer la sharia, «única fuente de legislación para mantener la identidad siria e islámica del pueblo».
Tras catorce años de guerra, el pueblo sirio se encuentra en manos de los más aberrantes criminales, igual a lo ocurrido en Afganistán.
En Oriente Medio ha desaparecido la civilización y el proceso para acabar con ella ha sido el mismo: señalar desde la esfera anglo a los dirigentes (Sadam Husein, Gadafi, Al Assad) como dictadores (no es que no lo fueran, pero tanto como otros muy bien considerados por las potencias occidentales). Una vez marcados como dictadores buscan el apoyo de las poblaciones (¿quién va a negarse a acabar con un dictador?) y comienzan las rebeliones internas.

Soliviantan a la gente y los opositores reciben ayuda militar de los anglos y sus secuaces (Francia, Turquía, por ejemplo) que les entregan armas y la información para atacar objetivos fundamentales. Ese es el proceso con unos resultados fantásticos, según estamos viendo, aunque para conseguirlos hayan arrasado ciudades enteras, y miles de personas hayan sido asesinadas, torturadas, desplazadas. Todo vale para conseguir sus objetivos.
¿Por qué los anglos instalan en el poder a los más fanáticos criminales? Porque el islamismo significa la sumisión total, y hay grupos islámicos absolutamente fanatizados que llevan esa sumisión al extremo. No sólo en Oriente Medio o en el lejano Oriente han implantado a estos fanáticos. También en Europa los están instalando, por eso están entrando por miles jóvenes en edad de pelear, guerreros preparados para acabar con la civilización occidental que después de siglos ha conseguido ser la más libre de todas. Hay que acabar con esta civilización, ese es el objetivo. Los ciudadanos convertidos al islamismo serán fanáticos sumisos y aceptarán sin pestañear cualquier cosa que decidan sus dirigentes. Nadie se sale de la senda que marcan los gurús religiosos. A nadie se le ocurre hacerlo. Un musulmán que intente dejar su religión puede ser ejecutado o encarcelado durante toda su vida. Así se las gastan. Con estos criminales tendremos que lidiar tarde o temprano.
Los más afectados por el nuevo poder en Siria son los alauitas, pero no se libran de los ataques los drusos y los cristianos, aunque cristianos quedan pocos. Antes de comenzar la guerra había en Siria más de dos millones de cristianos. Tras catorce años de guerra quedan unos 250.000. Con el triunfo de estos fanáticos puede que dentro de poco no quede ninguno. Al menos, intentaremos no olvidarlos.
