Relatos

Un sueño premonitorio

Dolores del Paso

16-12-2022

 

Estaban sentados en el sofá del salón viendo la televisión, como habitualmente hacían, cuando de repente, su marido, casi sin mirarla, le dijo: “Voy a pedir el divorcio”. Ella, levantando levemente los hombros, respondió: “Pues vale”. No sabe si su marido siguió hablando, al menos ella no recuerda nada, solamente recuerda verlo salir por la puerta con su chaquetón de cuero negro.

Ella se quedó desconcertada, no tanto por la noticia, en realidad podría haber ocurrido hacía mucho tiempo. Llevaban tantos años juntos que ya ni se acordaba de cuándo dejaron de ser felices. El alejamiento se había ido produciendo poco a poco y al final casi eran como dos extraños compartiendo piso. Su desconcierto venía porque era un déjà vu, en el que no todo era coincidente. Las palabras y la situación eran las mismas, pero había algo que fallaba. No sabía el tiempo que había pasado, minutos, horas, desde que su marido le había dado esa noticia de forma tan rotunda …

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Y le tocó la lotería – Capítulo II – días de caza

Dolores del Paso

Capítulo I. Y le tocó la lotería

 

Y así, con la lotería, empezó todo.

Quedaban casi dos meses para terminar las clases, así es que su vida continuó como siempre. Cuando quedaba con las amigas, sobre todo con Eugenia, a veces tenía la tentación de contarles lo ocurrido, pero sabía que no era posible. Nadie podía saber nada. La orden al banco fue tajante: si su nombre aparecía por algún sitio, no solamente se llevaría todo el dinero (ya había traspasado a otros bancos algunos millones), si no que los denunciaría por incumplimiento del secreto bancario. Y nadie mejor que ellos sabía que tenía suficiente dinero para ir a juicio.

La corrección de los exámenes de los alumnos la tuvo entretenida el último mes, cuando por fin terminó se fue a la casa de los abuelos en la sierra. Ya podía pensar tranquilamente en lo que iba a hacer.

La casa estaba en las afueras del pueblo, una casa grande metida casi en el bosque; les separaba un arroyo que incluso en verano llevaba algo de agua. Raro era el verano en el que no corría aunque fuera un hilito de agua. En invierno caía como un torrente. La parcela era grande y la casa quedaba escondida entre los árboles. De pequeña pasaba allí todos los veranos. Venían los primos y los amigos del pueblo y pasaban allí el día entero. Recordaba con emoción aquellos años entre árboles, montes, pájaros y, sobre todo, los amigos. Ya no quedaba ninguno por allí. Todos se habían ido a Madrid; incluso más lejos. Algunos volvían los fines de semana o pasaban allí las vacaciones, pero ya no tenían relación. El pueblo nopasaba de los 200 habitantes en invierno. Demasiado reducido teniendo la gran ciudad a una hora de distancia.

Desde los quince años había vuelto muy poco, sólo algún fin de semana a ver a los abuelos primero y al abuelo cuando se quedó sólo los últimos años. Cuando iba, salía poco de casa. Saludaba a los vecinos pero no mantenía una relación estrecha con nadie.

La casa se mantenía prácticamente como estaba cuando vivían los abuelos. En el transcurso de los años habían realizado arreglos para hacerles la vida más fácil, pero la esencia de la casa se mantenía. La gran cocina, donde se hacía la vida, tenía una mesa rectangular demadera con media docena de sillas alrededor. Allí hacía los deberes acompañada de sus primos, Ángel, Luis y Andrea. Como ella era la mayor, llevaba siempre la voz cantante. Los pequeños hacían lo que ella quería. Salvo a Andrea, hacía años que no los veía. Habían seguido distintos caminos. Luis pasó unos años muy malos con las drogas. Parecía imposible que las pudiera dejar, pero al final, después de mucho dolor y lágrimas consiguió …

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Y le tocó la lotería

Dolores del Paso

3-7-2020

 

Esa tarde había ido al cine con su amiga Eugenia. Se veían a diario en el trabajo, pero hacía tiempo que no pasaban una tarde juntas. Había sido idea de Eugenia ir al cine. La película le daba igual. Lo que quería era darse una vuelta sin la familia. Su marido se llevaba a sus hijos a ver a los abuelos y ella había aprovechado la ocasión para salir. Lucía no tenía problemas. Entraba y salía (poco, esa era la verdad), cuando le daba la gana. Se había separado unos dos años antes y no tenía hijos. Nadie la esperaba en casa. Nadie la echaría de menos si no volviera, pensaba a veces.

La película era una comedia negra: un tipo al que le toca la lotería, una millonada, y no se le ocurre nada más idiota que contárselo a todo el mundo. Le salen amigos por doquier. Y negocios incontables. La cosa termina muy malamente.

Cuando alcanzaron la calle llovía con ganas. Las dos cobijadas bajo el paraguas de Lucía, se reían comentando las situaciones de la película, cuando Eugenia se dirigió a ella:

-¿Qué harías si te tocara la lotería?

– Matar a los malos

Y le tocó la lotería

Cuando tiempo después recordaba ese momento veía a Eugenia riendo a carcajadas

– Jajá, matar a los malos, ¡pues no tendrías trabajo ni nada!

Ella misma se quedó sorprendida ante su rápida respuesta. ¿De dónde le había salido una idea semejante?

Ya en casa, tras un buen rato esperando un taxi, seguía pensando en su respuesta, y cuando por la mañana salió para ir a trabajar, ya tenía tomada la decisión.

A la hora del café, se fue a comprar lotería. No tenía que ir muy lejos. En la …

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El niño que arrancaba de la boca las ovejas a los lobos

Dolores del Paso

12-6-2020

                   Para Mari, con cariño

Se habían reunido los amigos en su casa. Vísperas de Navidad. No se veían habitualmente pero se conocían desde la adolescencia, e incluso antes, como Mari y Ángeles, que mantenían una relación desde que nacieron, el mismo año con una diferencia de cinco meses, en el mismo barrio y a unos veinte metros la una de la otra. Habían pasado la infancia  juntas, luego sus vidas se separaron, no tanto en la distancia, las dos seguían viviendo en el mismo barrio, como en los intereses. Habían seguido caminos distintos. A Mari no le gustaba estudiar y en cuanto pudo se puso a trabajar. A pesar de que le encantaba su trabajo, lo dejó cuando, con el tiempo, había formado una familia con Jesús; tenían dos hijos, ya veinteñeros, chico y chica. Ángeles se había empeñado en estudiar, en parte por salir del barrio, aunque nunca saliera de él, y por conocer mundo, que tampoco había sido para tanto. Siempre se tuvieron cariño. Ángeles admiraba profundamente a su amiga, una de las mejores personas que había conocido nunca. Mari tenía una fuerza, un genio que le hacía ser capaz de cualquier cosa. La más fuerte, la más decidida, audaz, sin miedo a nada, que conseguía arrastrar a las amigas a las aventuras más intrépidas. Tenía carisma. Dijera lo que dijera, hiciera lo que hiciera, ahí estaban todas siguiendo su rastro. Y muy generosa. Y, encima, la más guapa. Una belleza, que en la adolescencia se convirtió en explosiva. No había mirada que no se detuviera en ella. A Jesús lo conoció Ángeles cuando él y Mari comenzaron su relación tantos años atrás.

Allí estaban reunidos, hablando de todo y de cualquier cosa, en conversaciones cruzadas, dispersas, hasta que sin saber cómo, Jesús comenzó a contar una historia que dejó todos los temas al margen.

“Mi hermano le arrancaba de la boca las ovejas a los lobos”. Así comenzó; nadie dijo una palabra hasta que terminó.

“Vivíamos en el pueblo (todos sabían que era de un pueblo de Ávila al que le encantaba ir los fines de semana y todo lo que pudiera en vacaciones; allí era feliz), mis padres, mis dos hermanas y mi hermano, cinco años mayor que yo. Yo era el más pequeño. Mi padre era pastor y pasaba la semana en el campo con las ovejas. Dormía en una cabaña al lado del redil. Volvía los domingos a casa para lavarse, cambiarse de ropa, y ver un poco a la familia. Al amanecer se volvía con sus ovejas”.

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Mercedes Pérez

22-11-2019

Incomunicados

Marta me lo pedía una y otra vez:

-Mamá, yo quiero una hermanita, todas mis amigas tienen hermanos.

Ella no sabía que ya hacía dos años que estábamos intentando darle un hermano, pero no llegaba.

Cuando cumplió diez años, por fin llegó Roberto. De momento se llevó una gran desilusión. Ella quería una niña, para jugar y cuidarla, pero enseguida se hizo a la idea y quería a su hermano con toda el alma. Hablaba mucho con él, pero lamentablemente él empezó a hablar muy tarde, casi con tres años.

Al cumplir los trece los abuelos regalaron a Marta su primer móvil. A mí no hacía gracia, pero todos me decían que era lo normal, que sin móvil, los adolescentes no hacen amigos y se quedan aislados.

Pero desde el primer momento vi que no había sido una buena idea. Marta no dejaba el puto móvil ni un momento durante todo el día. Lo primero que hacía por la mañana era conectarlo y lo último por la noche apagarlo. En realidad, la mayor parte de las noches no lo apagaba porque decía que se dormía mejor escuchando audiolibros. Empezó a tener malas notas y a alejarse de nosotros. Perdió todo el interés por su hermano, ahora que el crío había empezado a hablar. Marta nunca se dirigía a él. Nunca. Algunos pensaréis que exagero, pero los que tenéis hijos adolescentes en la …

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Alejandra C

8-11-2019

Una muerte ridícula. La gallina

La  suya era una casa de puertas abiertas. No había manera de mantener una cerrada, porque su perrito la perseguía por toda la casa. La puerta del dormitorio tenía que estar abierta porque el perrito dormía en la cunita al lado de su cama y por la noche se levantaba a beber agua y durante el día entraba a echarse una siestecita de vez en cuando. La de la cocina porque el perrito entraba a ver conseguía algo de comer cada vez que veía movimiento, incluso si no lo había, por si acaso había caído algo al suelo. Si entraba al baño, ahí estaba él, tumbado en la alfombrilla que utilizaba cuando salía de la ducha, pero si le caía algo de agua se iba corriendo y no era plan de salir de la ducha para abrirle la puerta. Total, que no había manera de mantener una puerta cerrada. Ya se había acostumbrado y no las cerraba nunca, ni siquiera cuando su perrito pasaba el mes correspondiente en casa de su ex marido. Eran muy civilizados, un mes en casa de cada uno. A rajatabla.

lagallinaEl problema eran los portazos cada vez que se abría una ventana. Unos portazos  que la pillaban desprevenida y la sobresaltaban.  A veces se cerraban todas a la vez y el zambombazo era estrepitoso.

Les ponía lo que pillaba para sujetarlas,  pero buscaba algo bonito y buscando buscando, por fin lo encontró. En un  mercadillo vendía una señora animalitos de tela rellenos de arena hechos justo para eso. Le gustaron las gallinas. Las ocas eran demasiado altas. Se fue tan contenta a su casa con media docena de gallinas. La casa se convirtió en un gallinero muy colorido. Menos mal que no piaban, porque la escandalera habría sido mayúscula.

Ruido no hacían, pero se movían como Pedro por su casa. En cuento habrías una puerta te encontrabas con una gallina. Le daba una patadita y volvía a su sitio, pero siempre había alguna en medio. …

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Carta de una rica a Carmena

Ángela

12-7-2019

 

Querida Carmena:

¡Cuánto siento que te hayas ido! Te escribo estas líneas para darte las gracias por todo lo que has hecho por mí. ¡Qué pena, con lo bien que me iba contigo! Has cambiado mi vida. Vivía, se puede decir, exiliada en La Moraleja, hasta que tú decidiste eliminar de un plumazo los obstáculos que me impedían disfrutar de Madrid. Con lo que a mí me gusta salir de compras, ir al teatro, a comer con las amigas, pasear por la Gran Vía, y no me quedó más remedio que irme a vivir a La Moraleja, lo más cercano a un cementerio que conozco. Bueno, hay cementerios muchos más divertidos que La Moraleja. ¡Qué soledad! Sólo podía salir con mi chófer, con lo que a mí me gusta la libertad (teniendo en cuenta que lo paga mi ex, imagínate. Aunque le sale barato: chófer e informante por el mismo precio). Enclaustrada llevo más de 20 años. La ciudad se había convertido en un infierno con tanta contaminación, tanto ruido de coches, con lo ecologista que soy yo y amante de la vida sana. Y llegaste tú, tan comunista, arropada por esos niños tan monos (Errejón me encanta, qué pijo tan bien educado), y en un plis plas todo arreglado.

Según te escribo, levanto la cabeza y desde la terraza de mi ático veo esta magnífica ciudad con sus tejados rojos, las cúpulas que sobresalen por encima de los edificios, su cielo azul. Imponente. Y abajo la gente paseando por esas grandes aceras sorteando a los manteros, que le dan ese punto tan exótico, vendiendo bolsos. Algunos he comprado, que como soy rica todos piensan que son de verdad. Es lo que mejor que tiene ser rica: haces lo que te da la gana. Y  me ahorro un montón de pasta porque nadie duda de que sean de verdad, y aunque alguna se dé cuenta no dicen nada porque vete tú saber los que han comprado ellas.

Y cuando cojo el coche ¡qué gozada! Ni un atasco. Sólo necesito al chófer cuando tengo que ir a algún punto alejado de la ciudad. Por el centro me muevo con mi híbrido y voy a donde me da la gana. Y me da la gana ir muchas veces a casa de mi fisio con el que tengo una relación “muy íntima”. Mi ex debe de estar rabiando. ¡Ay! Perdona que no quiero aburrirte con mis interioridades. Retomo el tema. Aparco donde quiero ¡qué maravilla! También me …

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Alejandra C.

22-6-2019

 

Los nombres

Habían elegido la vida natural para sus hijos, la vida sana, la tranquilidad, huían de la destrucción del mundo. Habían pasado por todo: la capa de ozono, el enfriamiento global, el calentamiento global…) pero cuando llegó el cambio climático se dijeron ¡hasta aquí hemos llegado! Y dejaron la ciudad. No se fueron muy lejos, que tampoco era cosa de abandonarlo todo. Encontraron su refugio en un pueblecito serrano a una hora de la ciudad. Allí vivirían tranquilos.
No eran los primeros en llegar. Años atrás se habían establecido allí varias familias que iban con la idea de vivir del campo, pero era una tierra dura y la agricultura no tenía posibilidades. Pequeños huertos con algunas lechugas, coles, tomates pocos y tardíos. Echaron unas cuantas gallinas pero no daba mucho de sí la cosa. Huevos frescos comían todos los días, …

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El juego

1-2-2019

Dolores del Paso

 

A pesar de la lluvia que cae rítmicamente desde primera hora de la tarde, ha cogido el coche para darse un paseo. De vez en cuando le gusta conducir sin rumbo, por el placer de conducir. No está sola. En el asiento de atrás se remueve un poco Merlín, su perrito miniatura, hasta que se acomoda y duerme plácidamente. Por las calles cercanas la gente se mueve de un lado para otro, grupos de jóvenes que cambian de local, parejas mayores que salen de cenar, o del teatro, o del cine, incluso algunos ancianos que se recogen tarde. Según va alejándose del centro, las calles se ven cada vez más vacías. Callejea tranquilamente, sin prisa, pero no quiere quedarse por allí, se dirige hacia la M40 dónde puede conducir más libremente, sin semáforos, sin cruces. Cuando se incorpora a la M40 el tráfico es fluido; todavía circulan coches de los que vuelven a casa en los barrios o en los pueblos limítrofes. Circulan deprisa, tienen ganas de llegar a casa, ponerse el pijama y sentarse a ver la tele un rato antes de ir a dormir. Es jueves, así es que no quedarán muchos dentro de un rato, mañana hay que trabajar. Ella no tiene prisa, se coloca en el carril derecho y se centra en la música …

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Carta a los Reyes Magos

Ángela

4-1-2019

 

Queridos Reyes Magos:
Aunque un poco tarde, como siempre, os escribo con algunas peticiones (muy poca cosa, no os preocupéis), que como podéis ver no son sólo para mí. A ver si hay suerte.

-Un cinturón negro para los vaqueros.

-Un Fanton como el de Pedro Sánchez, porque por 283 euros yo no llego ni a Albacete con el coche. Me llevo a toda la familia y a mi perrito, que yo sin Calcetines no salgo a la puerta de la calle, y nos sale tirado de precio. Con ese pedazo de avión, ni hotel necesitamos.

Un bozal para esa sinvergüenza, suspendida de militancia del PSOE de La Rioja por decir que la pobrecita Marta del Castillo»seguiría viva» si no «hubiera ido a casa de su exnovio sola y en condiciones no muy buenas«… «Y otra cosa. Sin cadáver no hay crimen«. ¿Cómo se puede ser tan mala?

-Una novia para Calcetines

– Un cerebro para Dani Mateo, que por mucho que sume sus partes, nunca conseguirá ser la hostia, siempre le faltará el cerebro.

– Un tren del s.XXI y no del s XIX (que a veces el orden de los factores sí altera el producto), para Extremadura, y para Murcia y otros tantos lugares abandonados a su suerte.

– Una  ministra de justicia, antes fiscal, a la que no le parezcan un “éxito seguro” los negocios de prostitución para chantajear a cualquiera.

-Un político, un periodista, un empresario, un juez, que no esté relacionado con el sinvergüenza del comisario mafioso Villarejo.

La última petición sé que es imposible de conseguir, pero por pedirlo que no quede: Un canal de televisión, al menos uno, en el que no pongan programas de cocina. Que eso de que si algo no te gusta puedes cambiar de canal, con los programas de cocina no funciona. Pones la tele y te encuentras con dos gemelos que le ponen jengibre a las carrilladas (¿y si a alguna amiga se le ocurre prepararlas justo cuando me invita a cenar?), o con una cursi francesa haciendo turismo rural que nos muestra las maravillas que se pueden hacer con el “lapin”, o con un inglés que hasta la bechamel la mezcla con las manos ¡Qué asco! (creo que es el mismo que le pone chorizo a la paella), o los reportajes de alta cocina en el que aparecen cinco tíos, concentrados como si fueran astrofísicos observando los agujeros negros del universo, que cortan, qué digo yo, no cortan, diseccionan un calamar como si estuvieran haciendo una operación a corazón abierto, o unos niños al borde del ataque de nervios que gritan y lloran histéricos porque se les ha quemado el pastel (¿eso no es violencia infantil?), y no sé cuantos más, que son legión. Un poco de paz, por favor.

Buen viaje. Hasta el próximo año

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