Mi pequeño Calcetines

Mi pequeño Calcetines

Ángela

16-1-2026

Ha muerto mi pequeño Calcetines y el silencio se ha adueñado de la casa.

Ese perrito chiquitín y juguetón, ese trasto que no paraba nunca, nos ha dejado solos, con un inmenso vacío.

Mi pequeño Calcetines
Mi pequeño Calcetines

El muñequito ha esperado a cumplir 20 años para decirnos adiós. Se quedó dormidito en su cama (mi cama) como un angelito. Me decía una persona muy querida que su gatita, que murió hace un tiempo, era un ángel. Lleva razón. Los perros y los gatos que conviven con nosotros son ángeles. No son humanos, pero tampoco son animales; son ángeles. Ángeles que nos guardan, nos cuidan, nos quieren, nos acompañan, nadie está tan pendiente de nosotros como ellos. A cambio les damos comida, cobijo, protección, compañía, amor. El amor es mutuo.

El zorrillo que decían los niños, ha dejado de dar vueltas a mi alrededor; ya no puedo tropezarme con él.

El perrito “presioso, maravilloso” como decía una chiquitina al verlo.

Calcetines el duendecillo del bosque
Calcetines el duendecillo del bosque

El perrito con cara de sorpresa, como lo llamaba la mujer que nos encontrábamos por las mañanas paseando a su perro y cruzaba la calle para venir a vernos, a verle, porque decía que era un perro especial.

El duendecillo del bosque, como decía otra: “Mira, el perrito del que te hablé. Ves, no es un perro, es un duendecillo del bosque”, le explicaba a su amiga.

Ese perrito nos ha dicho adiós. Y nos ha dejado con esta tristeza.

Era muy popular. Todo el mundo lo conocía. En cualquier momento, desde cualquier lugar oías: Calcetines. Nunca he sabido por qué llamaba tanto la atención. Pero, así era.

 

Mi pequeño Calcetines se ha nos ha ido ¡Y lo siento tanto!

Me alegró la vida, le alegré la vida; me quiso mucho, le quise más. A donde no podía ir él, no íbamos nosotros. Le dedicamos años de nuestras vidas. Así fue. Y ahora tenemos que salir de nuevo al mundo que abandonamos por esa miniatura.

Me conformo con la vida porque era muy mayor y llegó su momento de abandonarla.

Pero yo, le lloro cada día.

Le echo de menos. Sé que esta pena se pasará, incluso con las personas más queridas se pasa. Pero hasta que se pasa se sufre mucho. Se me hace incomprensible la gente que se le muere un perro y busca otro ¡Qué coraje!

Adiós mi Calcetines. Quedarás en mi recuerdo como una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida.

Adiós, pequeño, adiós.

Ilustración: María 

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