Los bailes que nos avergüenzan

Los bailes que nos avergüenzan

Ángela

2-5-2025

El lunes 28 de abril de 2025 quedará en nuestra memoria como el día del apagón. De repente, en un mundo de coches sin conductor, de cohetes turísticos, de inteligencia artificial capaz de explicarnos en un segundo la física cuántica, en ese mundo tan avanzado, se va la luz y nos quedamos sin comunicaciones. ¡Como para olvidar el lunes negro!

Van pasando los días y las explicaciones por parte del gobierno brillan por su ausencia. Y lo que queda según el señor Bolaños: “Nosotros no tenemos prisa por conocer cuál es  la causa, sino que lo que queremos es conocerla con rigor y con exactitud para eso se ha creado una comisión”. Habla incluso de meses para saber qué ha pasado. Probablemente no se presenten informes oficiales definitivos ni ahora ni nunca. Ya veremos.

Mientras el gobierno se cierra en banda sin dar explicaciones, los periodistas afines están permanentemente defendiendo las actuaciones de Pedro Sánchez. Siempre lo hacen, pero con el apagón han llegado al colmo de la desvergüenza. Tipos que poco antes se desgañitaban llamando conspiranoicos a los que alertaban de un más que posible apagón, ahora dicen que no se sabe nada pero que la culpa es de la eléctricas; que no se sabe nada pero que el gobierno ha respondido muy bien y que se ha restaurado todo muy rápidamente; vamos, que el gobierno no tiene ninguna culpa del apagón, pero que lo ha solucionado en un momento. Al mismo tiempo dicen que tampoco es para tanto, como decía en televisión el contertulio Javier Aroca: “Es una experiencia que hay que practicar, es decir, quedarse aislado 9 horas media también está bien”. Con dos c… Si no se puede exculpar al gobierno, entonces rebajamos la gravedad hasta convertir el apagón en algo bueno, tanto como para desear que se produzca de vez en cuando porque permite ampliar las relaciones sociales. No es que no tengan vergüenza, es que no saben qué es eso.

Lo peor no han sido las explicaciones de Pedro Sánchez y su séquito de palmeros (ministros y periodistas afines), lo peor ha sido la actitud de la población.

De vergüenza ajena son los vídeos de gente atrapada en los trenes y que cuando consiguen salir se ponen a bailar tan contentos a la espera de que horas después alguien los saque de allí. No digo que quemen los trenes, pero alguna piedra para sacar la rabia habría estado justificada. Pero se ve que no tienen sangre en las venas. Hasta cuando bailan son modositos. Al igual que la gente que se reúne en las terrazas a tomar su cervecita mientras llega la luz. Están muy bien las cervecitas, pero ya que estáis reunidos unos cientos aquí y allá, si no sois capaces de salir en manifestación, al menos podríais lanzar un grito de rabia denunciando la situación. Pues tampoco. En lugar de gritar os ponéis a aplaudir, ¿a quién? ¿A los que, con su negligencia (como mínimo) nos han dejado sin luz y sin comunicaciones durante horas y horas? ¿A quiénes han puesto en peligro a personas con bombas de oxígeno en casa y que temieron por su vida? Informan de seis muertos ¿Sabemos realmente cuantas personas han muerto en hospitales por falta de corriente eléctrica? No lo van a decir y nadie se lo va a pedir.

He leído por ahí que la reacción de la población ha sido muy civilizada. No señores, eso no es civilización, eso es sumisión. Lo mínimo es cabrearse con esos políticos que nos sacan los ojos con unos impuestos de usura y que viven como reyes de nuestro trabajo. Lo mínimo que hay que exigirles es que hagan bien el suyo, y si no lo hacen, reaccionar frente a ellos para que sepan que no se lo vamos a consentir. No debemos consentir.

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