Les tiemblan las piernas
Ángela
17-6-2026
Los acontecimientos van tan deprisa que no da tiempo a pensar en un escándalo cuando ya estás en el siguiente.
El caso del expresidente Rodríguez Zapatero siendo investigado por el juez, no fue una sorpresa. Se sabía que estaba siendo investigado, lo dejaban caer algunos periodistas. La sorpresa fue que el juez Calama se atreviera a hacerlo, a pesar de que sabía que las presiones iban a ser terribles. Pero, se atrevió y el terror, en estos momentos, se mueve por los pasillos de Ferraz y de Moncloa. Nadie va a salir indemne de esto. Si un juez se atreve con el poderoso Rodríguez Zapatero, ¿no se va a atrever con ministros, exministros, directores de Correos, directores de Paradores, directores de Fundaciones, empresarios…, en fin, amiguetes elegidos por el presidente para controlar el país de arriba abajo?
Es bochornosa la reacción de gente del Psoe y de Podemos, políticos y periodistas, ante el escándalo. El primer día salieron como fieras para hablar por enésima vez de lawfer. La persecución de los jueces hasta ayer mismo era contra Pedro Sánchez. Los jueces la tienen tomada con él y por eso procesan a su pobre mujer, la que le llevaba las cuentas a su padre en sus negocios de prostitución. Y su hermano, pobrecito también, que cobraba una pasta al mes sin saber ni siquiera donde estaba su lugar de trabajo, ni que función tenía. Esta familia tan unida no ha hecho nada malo. Los malos son los jueces.
En un primer momento, también era lawfer contra Zapatero. Les faltó tiempo para insultar al juez que se ha atrevido a imputar al expresidente, referente de la izquierda española, como dicen todos al unísono. Otro juez prevaricador.
Llama la atención que los jueces sólo prevariquen cuando procesan a políticos del Psoe. Hemos vista a una infanta sentada en el banquillo, delante de un juez, después de descender la calle para entrar al juzgado rodeada de fotógrafos. Durante días fueron perseguidos ella y su marido, que acabó en la cárcel. A nadie se le ocurrió decir que el juez prevaricaba. Que ellos eran buenísimos y que el juez actuaba por despecho. Los jueces sólo prevarican cuando procesan a políticos del Psoe.
Tenemos al rey en el exilio y a todos los del Psoe y Podemos insultándolo un día sí y otro también. Ladrón, sinvergüenza, criminal… no se cortan un pelo a la hora de insultarlo. Pero, ay, del que denuncie a la familia de Pedro Sánchez o la de Zapatero.
El caso es que, de repente, todo ha cambiado. Al día siguiente, toda esa prensa del lawfer estaba reculando. Asombra su cambio de actitud. Ya nadie, salvo los sectarios locos, pone la mano en el fuego por Zapatero. Todos ven que la cosa no pinta bien. Lo curioso es que parece un guion aprendido. Todos dicen las mismas frases. “Este juez no es el juez Peinado” dicen todos al unísono, como si el juez Peinado fuera un mal juez. “El auto está muy bien escrito” y cosas por el estilo.
Y en estas, aparecen los joyones. Sus más aguerridos secuaces, como Luis Arroyo, que lo mismo trabaja para el Psoe que es presidente del Ateneo (¿quién lo habrá elegido? ¿Su amiguete Zapatero?). Pues el ínclito Arroyo dice que esas joyas no lo son tanto, que son unas “baratijas” que valen de 30 o 50.000 euros. Menuda inventada, que diría Pedro Sánchez.
Total, que no le ha quedado más remedio que sentarse ante el juez y los lameculos de sus periodistas afines ya están lanzando la consigna que les han preparado sus jefes de que es un regalo que le hizo el rey de Arabia Saudí en 2007. ¿Por qué ese año? Porque los delitos fiscales prescriben a los cinco años. Pero, ¿si no tiene justificante de entrega, cómo va a demostrar que se la regalaron ese año?
En el programa Mañanero 360 de la tele de P.S. decían hoy mismo que “el entorno del expresidente del Ejecutivo mantiene que en el momento en el que las recibió no existía «legislación que prohibiera aquellos regalos, así que no se consideró que hubiera irregularidad». Muy curioso esto último porque dos años antes, en 2005, el mismo Zapatero siendo presidente sacó el Código del buen gobierno en el que se indica que los políticos no pueden aceptar regalos y en caso de aceptarlos tienen que ir a Patrimonio Nacional. Vamos, que se pasó su propio código por el forro.
Pero, no es lo mismo Pedro Sánchez que Rodríguez Zapatero. A Rodríguez Zapatero se le puede dejar caer, como a Koldo y Ábalos; el problema es que puede arrastrar a unos cuantos en su caída. A más de uno le tiemblan las piernas.
Por mucho que quieran justificarlo, ellos mismos admiten que delito fiscal hay, aunque no se le pueda condenar porque ha prescrito.
Zapatero, en el mejor de los casos, podría ver anulado su proceso por defecto de forma, por ejemplo, aunque ya habría quedado retratado. En el peor de los casos, podría ser condenado y como Sarkozi ir a la cárcel, pero poco, como el propio expresidente francés que a los tres días estaba en la calle, que para eso había presidido la France, la tierra de la igualdad. Pero, ya sabemos, que algunos son más iguales que otros.
Claro, que también tiene la posibilidad de largarse a República Dominicana como Bettino Craxi que en cuanto vio que lo iban a enchironar se fugó a Túnez y allí murió.
La penúltima reacción de los subalternos del gobierno ha sido sacar a relucir a los presidentes anteriores. Que si Aznar ha trabajado 20 años para no sé qué lobby, que si Felipe González hace negocios con no sé quién. Si son unos chorizos, lo han tapado muy bien. Bueno, no tanto, que dice Rufián que él sabe que Aznar ha robado mucho más.
El caso es que a Rodríguez Zapatero, el de las nubes, le han pillado y parece que, por el momento, no sueltan. Y todavía quedan las minas, los hidrocarburos, el oro, el níquel, etc. Zapatero, al que César Antonio Molina (quien fue su ministro de Cultura) describe como un verdadero idiota, es fundamentalmente malo. Presos del régimen chavista han contado cómo los amenazaba: si no haces lo que yo quiero vas a ver mi peor cara. Un tipo con talante. Talante de mafioso.
Ahora todos estamos viendo su peor cara. O quizás todavía no. A ver que cuenta su amigo Julio Martínez, Julito.
Mientras tanto, a algunos les tiemblan las piernas.
