Navidad en Palestina

Ángela

22-12-2023

Navidad en Palestina

La Navidad en Palestina es casi siempre convulsa. En pocas ocasiones los cristianos de Palestina y, también, los de Israel, han vivido unas navidades tranquilas. Pero este año, la guerra no permitirá celebrarla mínimamente.

Ya quedan pocos cristianos en esa región. No sólo por las guerras. Incluso en las épocas de relativa tranquilidad, la inestabilidad política y social han empujado a la gran mayoría de cristianos a emigrar a otros países.

“De los 750.000 refugiados que generó la guerra de 1948, 150.000 eran cristianos. Desde entonces, y tras otro enfrentamiento en 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania y Gaza, después de dos intifadas y de la instalación de todo tipo de restricciones de movimiento a las puertas de sus casas y trabajos, los cristianos palestinos emigraron por miles. Según un estudio realizado por la delegación jerosolimitana del Consejo Mundial de Iglesias, el 70% de los cristianos se marchó debido a la inestabilidad política, mientras que otro 26% lo hizo por la falta de oportunidades económicas. Así, el 40% de cristianos que existía en 1948 en todo Israel se ha reducido a día de hoy al 1,42%: 50.000 en Cisjordania, 3.000 en Gaza y 150.000 en Israel. (Nuestro Tiempo. La desaparición de los cristianos en Tierra Santa, marzo-abril 2011)
Este artículo es de 2011; actualmente quedan unos 1000 cristianos en Gaza, de los cuales, unos 150 católicos y otra minoría de protestantes. La mayoría son ortodoxos.

Los cristianos, mayoritariamente árabes, viven entre dos países en guerra. Hay cristianos en Israel y cristianos en Palestina, y en ambos casos, la práctica de su religión es complicada. En Israel los grupos judíos más radicales han aumentado su persecución a los cristianos, atacan negocios, iglesias, a fieles, a turistas. Los escupen, los insultan. En un vídeo se ve a un grupo de radicales amenazar a unos turistas y uno de ellos les dice que los pueden matar porque las leyes judías lo permiten. En otro vídeo, otro grupo los persiguen, e incluso los niños los insultan.

En Gaza, desde que Hamás tomó el poder, está imponiendo un islamismo también cada vez más radical, más agresivo, incluso con su propia gente, incompatible con el cristianismo.

Israel ha establecido un estado judío, y Hamás un “estado” islámico. Los cristianos están en minoría en uno y otro lado.

Hace más de veinte años me uní a un grupo de la parroquia que preparaba un viaje a Israel y Palestina. Un viaje especial. Se trataba de recorrer la región visitando los lugares sagrados, fundamentalmente los cristianos, claro. Un viaje al origen del cristianismo: Belén, Nazaret, Galilea, Canáan, Jericó…Y Jerusalén. Caminar por las calles por las que caminaba Jesús con la cruz a cuestas, por donde sus discípulos le seguían para escuchar sus palabras, es emocionante, aunque no seas creyente. La capital de las tres grandes religiones monoteístas donde Iglesias, mezquitas, sinagogas se mezclan: La basílica del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado para los cristianos que acoge la tumba de Jesucristo; a poca distancia la Explanada de las Mezquitas, donde se encuentran la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa, el lugar más sagrado para el islam después de la Meca y Medina; y allí mismo, cerrando una parte de la Explanada, el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado para el judaísmo. Todo eso es Jerusalén, extraordinaria ciudad. Los cristianos, judíos y musulmanes de todo el mundo recorren sus calles, pero muchos no se acercan a otros lugares.

En estos recorridos en autocar, me llamó la atención ver en el dintel de las puertas de algunas casas, la imagen de San Jorge o de la Virgen María. Pensé: aquí no se esconde nadie. Viven rodeados de judíos o de islámicos y dicen aquí estamos nosotros. Unos valientes.

Visitamos todas las iglesias del recorrido. En muchas ocasiones, sin ningún turista, como fue el caso de la iglesia, creo que de de Nablús. En esa iglesia vivimos uno de los momentos más emocionantes del viaje. Nos recibieron tres monjes franciscanos, un español y dos italianos. Llevaban allí más de treinta años. Los tres muy mayores. El grupo cantaba, mientras el más viejecito los acompañaba al piano. Tan feliz estaba, que terminada la misa, quería seguir tocando y cantando. Una más, decía. Una más, repetía, la última… Éramos unas cuarenta o cincuenta personas cumpliendo los deseos del viejecito al piano. Por fin, el grupo se puso en marcha. Avanzamos a la salida, y en la puerta nos encontramos un grupo de nueve personas. Dos parejas jóvenes con sus hijos pequeños, que nos sonreían. El franciscano español mientras los señalaba nos decía: “nuestros feligreses”. A duras penas contuve las lágrimas. A la nueve de la mañana del domingo, en una ciudad casi al cien por cien islámica, estaban estos jóvenes con sus niños para oir la misa que iban a celebrar tres viejecitos. Casi más monjes que fieles. Y estaban todos felices. Tras la presentación nos quedamos un rato charlando con ellos, con tres traductores simultáneos. A pesar del tiempo transcurrido, tengo presente la alegría con que nos atendieron, monjes y fieles.

Para todos, pero especialmente para ellos: ¡FELIZ NAVIDAD!

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