Los incendios que nos asolan
Ángela
30-7-2026
De nuevo nos encontramos ante una situación inédita, como ocurrió con el Covid. De nuevo, las autoridades, ante un peligro real o supuesto, deciden confinarnos. Otros pueblos han corrido peor suerte: la orden ha sido de desalojo. Parece que estas autoridades, no sabe hacer nada si no es prohibiendo.
Aquí hemos estado confinados. Tras una semana de sobresaltos con todos los pueblos que nos rodean incendiados, decidieron confinarnos. Y aquí hemos estado, esperando a que escampara o a que llegara el incendio a nuestras puertas como ha ocurrido en muchos otros pueblos.
El desastre es total. Pueblos enteros desapareciendo ante nuestros ojos televisivos: Pedro Bernardo, Casillas, Piedralaves, La Adrada, Sotillo de la Adrada; todo el magnífico valle del Tietar convertido en una inmensa mancha humeante negra. San Martín de Valdeiglesias y, sobre todo, el pantano de San Juan y aledaños convertidos en ceniza. Así, hasta Fresnedillas, Robledo de Chavela, Zarzalejo y Valdemaqueda, convertidos en pueblos fantasmas tras los desalojos. Vall de Uxó y Zamora han tomado el relevo de la destrucción.
De momento aquí nos hemos librado del fuego. El humo negro de tanto incendio nos quita la respiración, pero al menos no hemos sufrido el terror del fuego. Hemos sufrido y aún sufrimos el miedo por la incertidumbre, pero el terror de verdad es el de ver el fuego acercarse a tus olivares, a tus viñas, a tus prados, a tu granja donde ves que pueden morir tus animales. A tu casa. Y tú, poco puedes hacer para evitarlo.
Nos están diciendo constantemente que los bomberos, la UME, los que pueden apagar el fuego, lo están haciendo muy bien. Pero nosotros vemos ciudadanos explicando que a su pueblo no ha ido nadie, o que han ido pero no han hecho nada porque les han dado orden de no hacer nada mientras el fuego no llegue a las casas. Y no es que lo cuenten en la tele, es que familiares y amigos han tenido que abandonar sus casas en La Adrada, por ejemplo, a toda prisa por una orden de desalojo y algunas personas que se quedaron han explicado que no llegó nadie a ayudarlos. Que han sido ellos los que han impedido que el fuego arrase las viviendas.
Como siempre, la controversia está servida. Los que están sufriendo directamente los incendios consideran que no ha sido suficiente la ayuda. Hay alcaldes de pueblos y sus vecinos que directamente dicen que les han abandonado. Llevan días sin dormir saliendo con azadas, con camiones con depósitos de agua, con mangueras de sus jardines, día y noche jugándose la vida para salvar su pueblo; y por otra parte, los que sentados en su sofá tomándose su cerveza afirman, sin atisbo de duda, que todo se ha hecho muy bien, que todos son profesionales como la copa de un pino. Por cierto, nadie pone en duda (por la cuenta que nos trae), que bomberos y la UME son muy buenos profesionales, pero ellos hacen lo que les ordenan sus mandos. Si los mandos les dicen que no intervengan hasta que el fuego se acerque a la casa, ellos no intervienen.
El confinamiento consistía en que podías salir del pueblo pero no podías volver a entrar. Así, a la gente que salió a trabajar por la mañana no la dejaban entra por la tarde. Padres de familia con sus hijos en casa en una situación de riesgo por el incendio, otros que tenían sus perros encerrados, veían que no podían llegar a su casa. No los dejaban pasar, aunque los guardias civiles decían entenderlos pero que sus órdenes eran no dejarlos pasar. Otra vez las órdenes. Eso hay que vivirlo. No sé yo si los del sofá se conformarían y no les dirían nada a los guardias porque es peligroso desconfiar de las fuerzas de seguridad. Me parece a mí que no se lo tomarían con tanta calma si estuvieran en esa situación. No creo que dijeran: sí señor guardia, mis hijos y mi mujer están solos en casa, pero como usted me dice que no puedo pasar, me doy media vuelta y me voy, sin replicar, por donde he venido. Por supuesto, pasaron.
Que los bomberos son unos profesionales excelentes, no lo dudo, pero alguien tendrá que explicar cómo es posible que un coche comience a arder y los bomberos no lleguen estando su base a 800 metros, según el alcalde, y no solamente no lleguen para apagar el fuego, sino que el fuego ha quemado varios camiones de bomberos allí estacionados. Dicen que los bomberos estaban en otro incendio, pero, si es así, como ha podido quemar el fuego varios camiones. Y, ¿no dejan a ningún bombero por si ocurre otro incendio, como así fue? Negligencia o falta de medios, no sé, pero con cosas como ésta no pueden pretender que tengamos mucha confianza en ellos.
Alguien tendrá que explicar también cómo un fuego que comienza en Burgohondo acaba en Valdemaqueda. Uno tras otro, se fueron quemando todos los pueblos que encontró a su paso, incluso sorteando un embalse. Se junta el incendio de Madrid con el de Ávila, dicen. ¿Pero, cómo es posible? ¿Por qué no se pusieron los medios para apagarlos ante de que se extendieran de esa manera?
Cambio climático e incendios inextinguibles
Un coche comienza a arder en una carretera e inmediatamente se produce un incendio gigantesco.
Un pirómano, loco o no, quema todo lo que pilla para producir un incendio.
Una cosechadora está trabajando cuando salta una chispa y comienza el incendio.
El incendio se produce por cualquiera de estos motivos, pero se extiende porque no se limpia el monte y las hierbas secas arden como una tea; los caminos, que hacen de cortafuegos, han desaparecido; si no se apagan en esos primeros momentos, cada vez es más difícil controlarlos. Eso lo sabemos todos, no hace falta ser de campo para saberlo, y en estos días los agricultores y ganaderos lo están explicando perfectamente.
Pues no, no es el pirómano ni el coche ardiendo los que producen los incendios. El presidente Sánchez afirma, categóricamente una y otra vez, que lo que provoca los incendios es el cambio climático, y para acabar con los incendios va a promover un pacto de Estado, para no hacer nada. Pura palabrería. Eso es lo que tenemos.
Y ahí están los periodistas aterrorizando a la población repitiendo insistentemente que los incendios “de sexta generación son inextinguibles”. ¿Inextinguibles? ¿Nunca se van a apagar? Seguro que muchos periodistas no saben qué significa inextinguible. Pero otros muchos lo saben y lo repiten sabiendo que el lenguaje sirve para aterrorizar a la población.
Ahora todos los fuegos son de sexta generación, es decir, son muy grandes. Algún experto del tema incendios hizo esta clasificación hace años y ahora los incendios no son incendios a secas, son de sexta generación. No sé si alguien ha oído nunca hablar de incendios de tercera o cuarta generación. Yo me los he saltado, desde luego. De sexta generación quiere decir que son muy grandes porque cada vez hay más árboles, más maleza, más troncos caídos y más ramas en el suelo; menos vacas, menos ovejas, menos cabras, menos caminos porque se los han comido las zarzas y las jaras, menos cortafuegos, menos manos trabajando el campo, menos hidroaviones; en fin, más de lo malo y menos de lo bueno. Así que estamos en manos de la naturaleza esperando que cada año ocurra un milagro y no arda el monte.
El que sepa rezar, que rece.
