El imperio inglés, los Sassoon y las guerras del opio
Ángela
19-7-2024
En el artículo El apoyo permanente de Inglaterra a Israel poníamos de manifiesto la estrecha relación entre Inglaterra e Israel. Como señalaba Hilaire Belloc, Inglaterra mantenía «una alianza íntima y universal con la finanza judía en el mundo entero. Es posible que esta sea nuestra mejor
carta de triunfo. Tal alianza alcanza su apogeo cuando la declaración Balfour, que fue uno de los factores subterráneos que decidieron la victoria de la Gran Guerra. Inglaterra prometió a los judíos un hogar permanente en Palestina, promesa que era símbolo de la victoria de los judíos sobre sus enemigos y, ante todo, sobre las tradiciones religiosas del Cristianismo». Y añadía: “Toda la vida inglesa está entretejida con la “Judería”. Nuestras grandes familias están aliadas por matrimonios; nuestras universidades, nuestras leyes, incluso nuestro sistema financiero, y, como factor de mayor importancia, la tradición moral de la sociedad inglesa es inseparable de la potencia financiera judía en el mundo”.
Uno de los ejemplos de esa “alianza íntima” es la del imperio inglés con la familia Sassoon, «los Rothschild del Lejano Oriente». Los Sassoon crearon junto a la poderosísima Compañía de las Indias Orientales y los dirigentes británicos, la mayor red de narcotráfico a mediados del siglo XIX. En su afán de expansión provocaron dos guerras con China. Con el poder naval de Inglaterra, se hicieron los dueños y señores de prácticamente toda Asia.
Los Sassoon
Los Sassoon, familia de origen sefardí, aparecen a mediados del s.XVIII en Bagdag, entonces ocupada por los otomanos, como una importante familia al frente de la cual está Sassoon Ben Salá, tesorero de los pachás otomanos que gobernaban la ciudad.
Con David Sassoon (1792-1864), hijo del anterior, comienza realmente el imperio Sassoon, cuando éste, que era banquero en Bagdag, se traslada a la India, concretamente a Bombay en 1828. Allí, las autoridades británicas que dominaban el país le ofrecieron exenciones fiscales como si fueran ciudadanos británicos. Y no solamente eso, el gobierno británico les ofrece el monopolio de la producción de artículos de algodón, seda y, lo más importante de todo, el opio. Con sus ocho hijos repartidos entre las grandes ciudades indias, tejió una red que se puede considerar el primer cártel de la droga. Un cártel gigantesco.
El circuito comenzaba con la producción de opio en la India. Los Sassoon con el apoyo inglés, obligaron a los agricultores a cultivar amapola para la producción de opio. Los cultivadores no salían de la pobreza, ya que recibían una miseria, pero la familia Sassoon se hizo inmensamente rica con la distribución de la droga en China.
El consumo del opio no era nuevo en China, pero era un consumo muy limitado, y estaba prohibido desde 1729. Los Sassoon introdujeron la droga en cantidades ingentes.
Ante el desastre provocado por el consumo masivo, el emperador prohibió la venta de opio. El encargado de impedir este comercio, Lin Tse-Hsu confiscó un cargamento de opio y lo tiró al río. David Sassoon pidió ayuda a Inglaterra que envió su armada, y así comenzó la Primera Guerra del Opio. Los chinos, con una población consumida por la droga, no pudieron defenderse. Inglaterra ganó la guerra que terminó en 1839 con la firma del Tratado de Nanjing, e impuso sus condiciones:
1) Legalización total del comercio de opio en China.
2) Indemnización de 21 millones de libras por las cantidades de opio confiscadas.
3) Soberanía territorial de la Corona inglesa sobre varias islas frente a la costa, entre ellas, Hong Kong.
De la inmensa cantidad de dinero recaudado por los Sassoon con la venta del opio una parte importante era para el gobierno inglés, con la corona al frente.
“El Primer Ministro británico Palmerston escribió al Comisionado de la Corona, el Capitán Charles Elliot, que el tratado no era suficiente. Dijo que debería haberse rechazado de plano porque «después de todo, nuestro poder naval es tal que podemos decirle al Emperador lo que pretendemos tomar y no tanto a lo que puede renunciar. Debemos exigir la aprobación del opio dentro de China como estándar de comercio legal, aumentar los pagos de indemnización y el acceso británico a más puertos chinos».
“Así, China no sólo tuvo que pagar a Sassoon el coste de su opio destruido, sino también reembolsar a Inglaterra una suma sin precedentes de 21 millones de libras en concepto de daños de guerra.
Esto dio a los Sassoons derechos de monopolio para distribuir opio en las ciudades portuarias. Sin embargo, ni siquiera esto fue suficiente y Sassoon solicitó el derecho a vender opio en todo el país.” (Ercolina Milanesi, Gran Bretaña y las guerras del opio. Los Sassoon y el comercio del opio).
A pesar de la derrota, China seguía resistiéndose, por lo que Inglaterra provocó la Segunda Guerra del Opio (1858-1860).
Inglaterra con Palmerston al frente exigió que toda China, no sólo las zonas portuarias “aceptaran” el comercio del opio. En esta ocasión con el apoyo de Francia, conquistaron el interior del país. Saquearon Beijing, arrasaron los templos, destruyeron todo lo que encontraron a su paso.
El 25 de octubre de 1860 se firmó el paz con el Tratado de Tianjin en el que “se concedió” a los ingleses los derechos para expandir el comercio de opio por todo el país.
Las ganancias obtenidas por los Sassoon con el comercio y las finanzas (eran los grandes banqueros de Oriente, posteriormente del mundo entero) fueron inmensas. Se convirtieron en los más ricos del mundo, en los «los Rothschild del Lejano Oriente». Es curioso, en publicaciones sefarditas se quejan de que los famosos sean los Rothschild, askenazis, y que los Sassoon, sefarditas, tan ricos o más que ellos sean desconocidos para casi todo el mundo. Estas publicaciones admiten que se hicieron mucho más ricos de lo que ya eran con el opio, o sea, destruyendo la vida de millones de personas, pero eso les da igual, lo que les importa es que sean tan reconocidos como los Rothschild. (Al final acabaron uniendo sus destinos las dos familias. Edward Albert Sassoon, nieto de David Sassoon se casó con Alene Caroline de Rothschild).
Establecidos en Inglaterra, se relacionaron con la aristocracia y el hijo de David, Albert fue nombrado caballero por la reina Victoria que también le concedió una baronía, como pago a sus servicios. Algo así, como si México le hubiera concedido a Pablo Escobar, el capo de la droga, una medalla por inundar Estados Unidos de cocaína. Un premio a su labor criminal.
Las ingentes cantidades de dinero que generó el comercio del opio le permitieron a Inglaterra mantenerse como potencia mundial.
No es nada raro que Inglaterra utilizara el opio para conseguir poder económico teniendo en cuenta que el poderío inglés tiene su origen en el robo a las naves españoles que comerciaban con América.
Historiadores y economistas han calculado los beneficios de la piratería inglesa sobre los barcos y puertos españoles en América. John Maynard Keynes, uno de los más influyentes economistas del s. XX, considera el botín obtenido con la piratería como el origen del capitalismo inglés: “El botín traído por Drake en el Golden Hind puede considerarse justificadamente como la fuente y el origen de la inversión extranjera británica, el origen del capitalismo inglés. La reina Isabel pagó con esas sumas el total de la deuda extranjera e invirtió parte de los excedentes (alrededor de 42.000 libras) en la Compañía del Levante; básicamente a partir de los beneficios de la Compañía del Levante se formó la Compañía de las Indias Orientales, cuyos beneficios durante los siglos XVII y XVIII, fueron los fundamentos principales de las conexiones inglesas; y así sucesivamente”.
Se repartían el botín entre la familia real británica, el gobierno inglés y los piratas. Un negocio redondo
Francis Drake, el pirata más famoso, al que le reina le ofrece cinco naves para el saqueo, fue nombrado caballero por la Reina Isabel, al igual que Albert Sassoon muchos años después.
El imperio inglés es el imperio depredador por antonomasia. Sus métodos de conquista no dejan lugar a dudas. Esquilman los países a los que llegan, mantienen a las poblaciones en la pobreza, les compran las materias primas a precios irrisorios o directamente se las roban y les venden sus productos manufacturados a precios altísimos, lo que con todo el descaro del mundo llaman libre comercio. Un negocio perfecto.
Así es el imperio inglés: empieza robando, sigue destruyendo poblaciones con el opio y llega al momento actual en el que provoca guerras destruyendo más países solo o en compañía de otros. Una rueda infernal.
