Reencarnación: el deseo de ser otro

Reencarnación: el deseo de ser otro

Ángela

21-6-2024

A veces, el sueño se hace esperar, y mientras esperas, te desesperas, o te buscas subterfugios para no hacerlo. Unas veces nos inventamos historias para entretenernos y otras aparecen los pensamientos más peregrinos. La otra noche, sin venir a cuento, me apareció la reencarnación como tema a tratar. No es algo a lo que haya prestado mucha atención en mi vida, pero ahí estaba.

Muchas religiones o creencias, sobre todo orientales, creen en la reencarnación; creen que cuando nos morimos el alma se va a otro cuerpo. En algunos casos, incluso, se reencarnan en animales o plantas. Depende de lo que tengas que purificarte por los males que hayas causado. No quiero ni pensar en qué habrá hecho en otra vida alguien para reencarnarse en cactus o en oso hormiguero.

Personas muy inteligentes creen en la reencarnación, pero a mí me parece una creencia un poco rara porque de qué te sirve reencarnarte en otra persona si no sabes quién es, ni la persona en la que te has reencarnado sabe nada de ti, no tiene un recuerdo tuyo. Es otra persona con una vida que no tiene nada que ver contigo. Si se trata de purificarte hasta llegar a la perfección, deberías acordarte de lo que has hecho mal para corregir los errores cometidos; si no te acuerdas ¿cómo vas a enmendarte? ¿Qué sentido tiene que yo me pueda reencarnar en un señor de Murcia, pollero para más señas? ¿Qué relación tengo yo con ese señor, murciano, pollero y padre de tres hijos? A lo mejor es del Madrid, ya tendríamos algo en común, pero eso también es común a millones de personas en el mundo. Tampoco tendría sentido si me reencarnara en una soprano australiana, un buzo coreano, una jugadora de fútbol lesbiana, en un astronauta de los que se pasan la vida preparándose para un viaje a la Luna que jamás realizarán, o en un gato siamés, ninguno de ellos sabe nada de mí.

Podría reencarnarme en todos ellos sucesivamente; eso sí, dejando un tiempo prudencial entre uno y otro. (Hay quien dice que entre una y otra reencarnación tienen que pasar unos 50 o 60 años). Según Platón, otro hombre muy inteligente y filósofo fundamental en el desarrollo del pensamiento, el alma permanece durante 10.000 años sujeta a distintos cuerpos antes de regresar al mundo de las ideas, de la verdad absoluta, a lo divino. Diez mil años dando tumbos de cuerpo en cuerpo, son muchos años.

Muchas dudas genera la reencarnación. Por ejemplo, ¿si me reencarno en obrero de la construcción quiere decir que en mi vida anterior he sido mala y si me reencarno en una “empoderada” alta ejecutiva de una multinacional he sido buena? ¿Si me reencarno en la reina de los mares he sido buenísima en mi vida anterior?

Incluso si no hay que esperar tanto como dice Platón para llegar a lo divino, para algunos es demasiado. Largo me lo fiais, dicen. Tan largo que en los últimos tiempos muchos hombres y mujeres han decidido reencarnarse en vida. No quieren esperar a la muerte para convertirse en otros.

Los casos de mujeres que se quieren convertir en hombres y, al contrario, los hombres que se quieren convertir en mujeres han aumentado vertiginosamente. Se cuentan por miles los casos surgidos en los últimos años. Son capaces de mutilarse para conseguirlo. Podemos hablar de reencarnación puesto que es la misma alma en otro cuerpo (ellos así lo creen), aunque es una reencarnación todavía más estrambótica. La que corresponde a estos tiempos moral y éticamente caóticos

Los hay que se quieren reencarnar en animales. Los lagartos, no sé por qué, son sus preferidos. Para conseguir “ser” lagartos se operan de todo: se cortan la lengua longitudinalmente para conseguir una lengua bífida, se cortan la nariz dejando a la vista dos agujeros negros que dan miedo, se inyectan un líquido que les deja negro lo blanco de los ojos. Un horror. Y hay gente que ve normal esto; de hecho, hay un tipo que tiene millones de seguidores en las redes.

Por cierto, los cirujanos, partícipes de esta masacre ¿qué tienen en la cabeza?  No sé lo que tienen pero sé que estos “mengeles” son unos inmorales, por no decir unos canallas.

También abundan los que quieren ser perros, pero al menos estos sólo se disfrazan, comen comida de perro, caminan a cuatro patas mientras sus amos los pasean atados con una cadena y levantan la pata para mear, como es normal.

¿Qué diría el pobre Platón si levantara la cabeza? Se moriría del susto y se pasaría otros 10.000 años dando vueltas de cuerpo en cuerpo hasta purificarse después de las barbaridades que saldrían por su boca ante tanto desatino.

En fin, que una noche de insomnio da para mucho.

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