Afganistán y el infantilismo de Occidente
Ángela
31-5-2024
Hace mucho tiempo, tumbados al sol en una playa cerca de Perpiñán, ante la pregunta de uno de nosotros sobre cuáles eran las playas más bonitas, un amigo francés, tras pensarlo un momento, contestó: las de Perú. Era geógrafo, con una edad en la que de todo hace mucho tiempo. Había recorrido el mundo trabajando para el Estado francés. Sabía de playas como sabía de miedos. Ante la pregunta de cuál era el país más peligroso que había visitado, respondió, ahora sin pensárselo: Afganistán.
La primera vez que visitó Afganistán, todavía no era el país de los talibanes. Todavía no estaban los talibanes, los anglos crearon más tarde a esos criminales que acabaron con el país asesinando y martirizando a todo bicho viviente, incluso a los no vivientes. Antes de ellos, Afganistán ya era el infierno. Recordaba este amigo las miradas de aquellos hombres enjutos, sólo hombres en las calles, armados con kalasnikof que se colgaban con una correa que les cruzaba el pecho. Todos, sin excepción, llevaban al menos un arma, cuando no dos o tres de distinto tipo. “Sabías que, en cualquier momento, alguno de aquellos hombres que te miraban fijamente, podría matarte”.
Él no estaba allí por turismo, estaba trabajando. Como todo geógrafo que se mueve por el mundo, pasa información al país para el que trabaja. Eso es así desde siempre. La mejor información que reciben los gobiernos viene de esos hombres que estudian los ríos, los montes, las tierras cultivables, las minas, los mares de los países que visitan. Él se jugaba la vida por conseguir información. Tenía un sentido el riesgo.
Hace unos días dos mujeres españolas han sido asesinadas en Afganistán, y otra ha resultado herida, junto con turistas de otros países. La pregunta es: ¿qué hacían allí? La respuesta es: nada, turismo. Se va un grupo de personas a uno de los países más peligrosos del mundo a hacer turismo. Es una locura, pensamos todos; pero allí estaban, visitando un mercadillo.
El grado de infantilismo de esta sociedad occidental es tan grande que sólo porque hay agencias de turismo que ofrecen visitas a cualquier país, ya se sienten seguros, aunque les ofrezcan ir al infierno. Nunca harían un viaje a Afganistán por su cuenta porque saben los peligros que corren, pero si es una agencia la que organiza el viaje se sienten seguros. ¿Qué les hace sentirse seguros? Que es una empresa con un local abierto al público en Barcelona o cualquier otra ciudad, que paga sus impuestos, que tiene sus papeles en regla (se supone), y por lo tanto, es segura. Cuando ofrecen estos viajes, será que lo tienen todo controlado, piensan. Una señora de más de 80 años ha resultado herida. En su caso, hay quien dirá que con la edad que tiene puede ir a donde quiera, total, puede morir en cualquier momento, “que le quiten lo bailao”, pero la señora está esperando con ansia que la repatríen, no quiere morir, no ha ido a morir, ha ido a vivir una aventura a un exótico país.
Hasta ahí, podemos hablar de infantilismo. El hombre occidental ha perdido el sentido de la supervivencia. Si el gobierno nos encarcela saltándose todas las leyes, aplaudimos desde las ventanas porque lo hace por nuestro bien; si nos obligan a salir embozados, insultamos al que no lo hace porque el gobierno nos obliga por nuestro bien y los que no la llevan son unos malvados que quieren matarnos a todos. El Estado nos salvará, la agencia de viajes nos protegerá. Como niños pequeños, gran parte de la población ha perdido su capacidad de defensa. Como niños, quieren ir a cualquier sitio, hacer cualquier cosa pensando que no les va a pasar nada porque alguien los protegerá, que para eso han pagado.
Pero hay otro aspecto mucho más turbio. Afirman los de agencia que el viaje era seguro porque iban acompañados en todo momento por los talibanes. Eso ya no es infantilismo, eso es indecente. Tanto la empresa como los turistas estaban tranquilos porque les protegían unos criminales. Criminales que han matado y torturado a todos sus oponentes; que han torturado y matado a mujeres por no vestir como ellos creen conveniente, que no dejan estudiar a las niñas porque las mujeres son seres inferiores, que han matado y matan a cualquiera que no se pliegue a sus órdenes. Han destruido un país y arrasado con todo. Unos criminales de ese calibre eran los protectores de los turistas. Seguro que eran hasta simpáticos.
Esos tipos son los que, ahora, protegen a los turistas de otros igual de criminales que ellos. Resulta que, ahora, los talibanes son buenos. Blanquear el mal, eso es lo que hacen con los viajes turísticos.
Lo siento por las mujeres asesinadas, confiaron en quienes les prometieron unas vacaciones felices. Su deseo de ver lo que otros no han visto las llevó a la muerte.
En un viaje como éste deberían plantearse problemas morales. Muy pocos lo hacen. Si puedo ir al infierno voy, bien protegido, eso sí. Si las personas de es ese país son asesinadas, encarceladas, maltratadas de todas la formas posibles, sufren hambre, no es mi problema; mientras a mí no me afecte, que hagan lo que quieran. Es una inmoralidad.
