Argentina, de provincia española a colonia inglesa

Ángela

15-12-2023

Argentina, de provincia española a colonia inglesa

Los próceres argentinos, en su mayoría masones, lucharon por la independencia de España, pero con la misma voluntad, buscaron la dependencia de Inglaterra, empezando por San Martín y por Carlos de Alvear (masones los dos, como Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, y otros,) que envió a Manuel José García para pedir a Lord Strangford que Argentina se convirtiera en colonia de Inglaterra.

Hace unos años, demasiados, estuvimos en Argentina. Un viaje inolvidable. Para empezar, por la sensación tan agradable de llegar a un lugar tan distante y sentir que te encuentras en casa. Y Buenos Aires. A todo el mundo le digo que si estuvieran a la misma distancia yo me iba a Buenos Aires antes que a París, por muy espléndida que sea esta ciudad. Buenos Aires es alegre, llena de niños y jóvenes como toda Argentina. Te das cuenta inmediatamente de que España es un país de viejos. Y los amigos, sobre todo los amigos. Sólo por dar un abrazo a Jaike, merece la pena el viaje. Y la buena acogida por parte de todos los argentinos: taxistas, vendedores, paseantes… En fin, con muchas ganas de volver.

Sólo en una ocasión, en un mes de viaje, la cosa fue un poco desagradable. Tomamos un autobús (con nuestro coger se parten de risa) de Mendoza hacia los Andes. El guía se puso impertinente. Dedicó todo el recorrido a poner a parir a los españoles y lanzar loas a los Próceres de la patria. Tan exagerado era, que hasta unos jóvenes brasileños nos miraban con cara de decir, ¿cómo podéis aguantar esto? Lo aguantamos porque todos, argentinos y turistas, estábamos de vacaciones y no íbamos a estropearles el viaje. Pero, estuve a punto de pedirle el micrófono para decirle que sus Próceres eran tan españoles como nosotros, porque Argentina era España; las mismas leyes regían para los españoles de América que para los españoles de España. Lo cual no quiere decir que fueran buenos. Al joven no le debieron explicar en el colegio lo que de sus ancestros decía el que fuera presidente (éste ya sí argentino) de 1868 a 1874, Faustino Sarmiento: «Por los salvajes de América siento una repugnancia invencible, sin poderlo remediar. Esos canallas no son más que unos indios asquerosos, a quienes mandaría colgar ahora si reaparecieran. Son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progresar, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”. Sarmiento era escritor, filósofo, pedagogo, profesor…y masón.

Pero no fue el único que decía barbaridades como ésta.

De hecho, los próceres querían eliminar la población, no sólo la india, sino también la de origen español y cambiarla por otros europeos, sobre todo ingleses.

Decía Alberdi: “No son las leyes que necesitamos cambiar: son los hombres, las cosas. Necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces de libertad por otras gentes hábiles para ella. Si hemos de componer nuestra población para nuestro sistema de gobierno, si ha de sernos más posible hacer la población para el sistema proclamado que el sistema para la población es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella está identificada al vapor, al comercio, a la libertad”.  Juan Bautista Alberdi que fue consejero del gobierno de Urquiza  escribió lo anterior en las Bases para la organización política de la Confederación Argentina. Fue abogado, escritor, periodista… Y masón.

En la independencia de Argentina se enfrentaron dos corrientes: liberales y nacionalistas. (Cambiamos liberales por globalistas y estamos, ahora mismo, en la mismas pelea en todo Occidente).

Los liberales “consideraban que la patria era el régimen político liberal, y el patriotismo consistía en traer la “civilización europea”, el régimen constitucional. “A ello se sacrificaba todo: el pasado del cual se renegaba, los hombres que se disminuían a bárbaros, la economía, la tierra”.

“Para los nacionalistas la patria era algo real y vivo que estaba en los hombres y en las cosas de la tierra. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad y que justamente había que preservar de la absorción foránea”.

“La corriente liberal era minoritaria pero intelectualmente destacada. La unitaria era popular y espontánea”.

Unos y otros se acusaron de traición.

Todo esto lo escribe José María Rosa en la introducción a su libro La misión García ante Lord Strangford. Estudio de la tentativa de 1815 para transformar a la Argentina en colonia inglesa.

 

Historia de la “traición” argentina

En su discurso de investidura el presidente Milei ha declarado: “Hace 200 años un grupo de ciudadanos argentinos reunidos en San Miguel de Tucumán, le dijeron al mundo que las Provincias Unidas del Río de la Plata no eran más una colonia española y que, a partir de ese momento, seríamos una nación libre y soberana”. Le faltó decir que Argentina dejó de ser provincia española para convertirse en colonia inglesa.

Hace unos meses se organizó en Argentina un escándalo porque el asesor de Milei, Ocampo, acusaba a San Martín de connivencia con los ingleses y por pedirles el protectorado. Se le olvidó decir que su antepasado Carlos Alvear envió a un emisario con documentos firmados por él en el que pedían a Inglaterra que aceptara a Argentina como colonia.

En “La misión García”, José María Rosa nos ofrece los documentos de la misión ordenada por el general Alvear y llevada a cabo por Manuel José García y que consistía en ofrecerle Argentina a Inglaterra. Nada más y nada menos.

La misión del Consejero de Gobierno don Manuel José García, que fue a Río de Janeiro en 1815 era llevar al embajador británico Lord Strangford una propuesta explícita –emanada del Director Supremo de las Provincias Unidas, general Alvear- para convertir el Río de la Plata en colonia inglesa. Esto ocurre al mismo tiempo que Rivadavia ha ido a Europa con instrucciones reservadas –que no debe mostrar a su compañero Belgrano- tendentes a lograr el protectorado de una gran potencia, Inglaterra si es posible, que asegurase la existencia de instituciones liberales.

Dos misiones secretísimas al margen de la población.

“Otros lo consideraban esto un crimen. Entre ellos José de San Martín y José Gervasio Artigas, que en 1813 había pedido inútilmente a la Asamblea Constituyente la declaración de independencia absoluta y que había sido declarado “traidor a la patria, y su cabeza puesta a precio por el mismo Director que enviaba a Rivadavia en 1814 con instrucciones reservadas mencionadas. Además de San Martín y Artigas estaba el pueblo entero, que no entendía de posiciones ideológicas, y para quien la patria no se razonaba ni podía buscarse por las cortes europeas”.

En la Constitución, los liberales sólo habían escrito que la independencia sería de Fernando VII y sus sucesores. San Martín, fue quien obligó a que se pusiera expresamente en la Constitución la independencia de toda dominación extranjera. Pero en sesión secreta de del 4 de septiembre de 1816 decidieron enviar un comisionado ante Juan VI de Portugal en el que pedían el protectorado y que se declarara rey de Argentina, pero todos los elegidos para enviarla se negaron a llevarla.

Los liberales querían la independencia de España, pero no de otros países. Buscaban ser colonia. Lo intentaron con Francia, con Brasil, pero, sobre todo, con Inglaterra.

En 1819 Rivadavia envía en secreto a Valentín Gómez como comisionado a Francia para que les apoye y Francia le ofrece la ayuda con condiciones y acepta a cambio de que el Río de la Plata corone rey al príncipe de Luca. Alguien filtra el secreto y San Martín se opone con las armas.

En 1851 Urquiza, general en jefe del ejército argentino para luchar contra Brasil, se pasará al enemigo y concluirá una “alianza que dará al Brasil todas las ventajas de una guerra ganada: las Misiones orientales, la renuncia de la soberanía argentina de los ríos, independencia de Paraguay, gravitación brasileña sobre Uruguay, etc.”

Todo lo anterior corresponde a la introducción del libro de Rosa. Y sigue con los documentos enviados a Lord Strangford:

 

 “El Supremo Director don Carlos Alvear al Lord Strangford

Muy señor mío: D, Manuel García, mi  consejero de Estado instruirá a V.E. de mis últimos designios con respecto a la pacificación y futura suerte de esas provincias.

Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden, antes que se precipite en los horrores de la anarquía… En estas circunstancias solamente la generosa nación británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas provincias que obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer…

Yo no dudo asegurar a V.E. bajo mi palabra de honor, que este es el voto y el objeto de las esperanzas de todos los hombres sensatos, que son los que forman la opinión real de los pueblos, y si alguna idea puede lisonjearme en el mando que obtengo, no es otra que la de poder concurrir con autoridad y poder a la realización de esta medida, toda vez que se acepte por la Gran Bretaña.

Sin entrar en los arcanos de la política del gabinete inglés, he llegado a persuadirme que el proyecto no ofrece grandes embarazos en su ejecución. La disposición de esas provincias es la más favorable, y su opinión está apoyada en la necesidad y en la conveniencia, que son el estímulo más fuerte del corazón humano.

Por lo tocante a la Nación Inglesa no creo que puede presentarse otro inconveniente, que aquel que ofrece la delicadeza del decoro nacional por las consideraciones a la alianza y relaciones con el Rey de España.

Pero yo veo que este sentimiento de pundonor haya de preferirse al grande interés que puede prometerse la Inglaterra de la posesión exclusiva de este continente, y la gloria de evitar la destrucción de una parte considerable del nuevo mundo, especialmente si se reflexiona que la resistencia a nuestras solicitudes, tan lejos de asegurar a los españoles la reconquista de estos países, no haría más que autorizar una guerra civil interminable, que los haría inútiles para la metrópoli en perjuicio de todas las naciones europeas…”

 

En el otro pliego:

Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. Es necesario que se aprovechen los momentos, que vengan tropas que impongan a los genios díscolos, y un jefe autorizado que empiece a dar al país las formas que sean del beneplácito del rey de la Nación, a cuyos efectos espero que V.E: me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene preparar oportunamente la ejecución”.

Manuel José García no llegó a entregar los documentos. José María Rosa lo señala en sus conclusiones:

10′) Que García – fracasado el objeto principal de su misión – presentó por consejo del Embajador Strangford, una nota pidiendo la ayuda británica en forma de mediación o de cualquier otra manera. Nota que el embajador hizo seguir a Londres.

El encargo fracasó porque Inglaterra no aceptó; tenía prevista otra forma de dominación.

Por último: “García fue amonestado al poco tiempo por Sarratea porque informó a Rivadavia sobre el grave paso dado. Pero aclaró García que el hecho no tenía mayor importancia pues “en el país no se tenía por traición cualquier sacrificio en favor de los ingleses y aun la completa sumisión, de la alternativa de pertenecer otra vez a España” (febrero 5 de 1816).

Llama la atención que los que piden ser colonia de Inglaterra lo hagan en nombre del pueblo al que están dispuestos a traicionar y que no tiene ningún conocimiento de sus maniobras. En el nombre del pueblo, pero sin el pueblo.

 

Fuente. Libro en PDF: José María Rosa. La misión García ante Lord Strangford. Estudio de la tentativa de 1815 para transformar a la Argentina en Colonia Inglesa.

 

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