Y el canalla sigue
Ángela
30-10-2026
Dice el ministro de transportes, el inicuo Óscar Puente, que no se va. Que él es muy valiente y por eso se queda. Que lo fácil sería salir, pero que no lo va a hacer porque el presidente no se lo ha pedido. Si no se lo pide el puto amo por qué se va a ir. Da igual que la mayoría de los españoles quiera perderlo de vista. Mientras el capo se lo permita, se queda. Dice que va a sufrir mucho por los insultos que va a recibir, que le espera un calvario, pero se queda por su amor al proyecto del Psoe (España se la suda, no la ha nombrado en ningún momento).

Añade Óscar Puente: «¿Dimitir para reconfortar a las víctimas? Buff… Cuánto reconfortaría de cero a cien a quien ha perdido un hijo, un padre o una
pierna». Hombre, yo creo que no verle la cara reconforta a todo el mundo, y más a las personas que han sufrido la pérdida de un familiar, de un
amigo; o el que ha sufrido la amputación de un brazo, de una pierna. Ver cada día al responsable de la falta de mantenimiento de las vías del tren que produjeron la muerte de 46 personas en Adamuz; ver cada día al responsable de transportes que no ha invertido lo que debería en el sistema de
seguridad de la red del ferrocarril y como consecuencia de ello han muerto muchas más de 69 personas pocos meses después de la catástrofe de Adamuz, verlo cada día debe de producir ganas de vomitar a todos los afectados. Sólo por eso, debería marcharse ahora mismo.
Pues no, no se va. Con lo que va a sufrir el pobre. Un país entero acordándose de toda su familia todos los días, es muy duro de llevar. Pobre hombre. Pero aguanta. Por el proyecto.
En su comparecencia, ha dicho el valiente Puente que «los hechos que han sucedido tienen un carácter tremendamente excepcional». Pues no parece, señor ministro; más bien se están convirtiendo en algo cotidiano. Dos accidentes gravísimos con ciento y pico muertos en diez meses no es algo excepcional. En el resto del mundo, sí; en España, no. Diga usted lo que diga.
El valiente Puente señala directamente a un operario, pocas horas después del accidente, como el culpable del desastre. El miserable acusa sin pruebas, sin ningún informe forense, puesto que no ha habido tiempo para ni siquiera iniciar la investigación, a una persona como si la seguridad de un tren en el que viajan 300 personas dependiera de una sola. Y si eso fuera así, sería como viajar hacia el pasado y de nuevo viéramos al jefe de estación dirigiendo un tren con su banderita.
Estamos a menos de un mes de las elecciones, si este elemento y el puto amo no se van, habrá que echarlos, digo yo ¿no?
