poesía

Cristina Lacasa

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De Cristina Lacasa (Tarrasa 1929- Lérida 2011) podemos leer en The Feminist Encyclopedia of Spanisn Literature sobre el libro Ópalos del instante (1982) al que pertenece este poema: la narradora reconduce sus preocupaciones al nivel cósmico, como era característico de su poesía anterior. Frente a la destrucción temporal, se concentra en el instante como un “ópalo”, una gema iridiscente parecida a un arco iris en la que se representan todas las connotaciones del Sol llenas de vida. En su búsqueda de plenitud, vuelve a visitar su infancia, el momento paradisíaco en el que los ojos / labios se abren a la pureza de todos los colores.

.., la persona que habla, una mujer de mediana edad, se da cuenta de que sus posibilidades son limitadas. Si en su experiencia anterior la represión social reducía su voz a un “susurro”, ahora protegía sus palabras entre las hojas de un libro que casi nadie leerá jamás.

 

 

 

 

DÓNDE VOY CON UN LIBRO DE POEMAS

Si yo tuviera veinte años y una guitarra
me iría con vosotros
a cantar mis poemas.

Pero me encuentro al filo
del medio siglo.
Mi tiempo ya pasó entre alambradas
y sin canción.
Sólo pude susurrar entre dientes.

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Mayte Barrera

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Mayte Barrera se dedica al teatro en todas sus facetas: ayudante de dirección, producción, imagen, sonido…pero también le interesa el medio audiovisual, y además es poeta. Este poema pertenece a su obra Respiraire. (Ángela, 3-7-2020)

 

 

 

 

Papel celofán

De pequeña quería ser papel celofán

ser cada día de un color y brillar

para que a través de mí

todos pudiesen ver el mundo de distinto color:

rojo apasionado,

verde esperanzador,

amarillo locura,

azul libertad…

O incluso de dos tipos y mezclar …

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Anna Ajmátova
(23 de junio de 1889, Odesa, Ucrania – 5 de marzo de 1966, Domodedovo, Rusia)

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Dedicatoria

Las montañas se doblan ante tamaña pena
Y el gigantesco río queda inerte.
Pero fuertes cerrojos tiene la condena,
Detrás de ellos sólo «mazmorras de la trena»
Y una melancolía que es la muerte.
Para quién sopla la brisa ligera,
Para quién es el deleite del ocaso –
Nosotras no sabemos, las mismas por doquiera,
Sólo oímos el odioso chirriar de llaves carceleras
Y del soldado el pesado paso.
Nos levantamos como para la misa de madrugada,
Caminábamos por la ciudad incierta,
Para encontrar una a la otra, muerta, inanimada,
Bajo el sol o la niebla del Neva más cerrada,
Mas la esperanza a lo lejos canta cierta…

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Gonzalo Millán

(1 de enero de 1947 – 14 de octubre de 2006, Santiago de Chile)

 

GonzaloMillan

 

 

 

 

 

 

 

 

Piscis

Los ojos de los peces

estaban

siempre mirándonos,

abiertos y voraces,

desmesurados como soles.

 

Y lo ignoramos

con nuestra ceguera

de gusanos,

atentos únicamente

al dolor del anzuelo.

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Ezra Pound

(30 de octubre de 1885, Idaho, Estados Unidos -1 de noviembre de 1972, Venecia, Italia)

 

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Canto XLV  Con usura

Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra
Con bien cortados bloques y dispuestos
de modo que el diseño lo cobije,
con usura no hay paraíso pintado para el hombre en los muros de su iglesia
harpes et lutz (arpas y laúdes)
o lugar donde la virgen reciba el mensaje
y su halo se proyecte por la grieta,
con usura
no se ve el hombre Gonzaga,
ni a su gente ni a sus concubinas
no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto
con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.

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Luljeta Lleshanaku

(2 de abril de 1968,  Elbasan, Albania)

 

LuljetaLleshanaku

 

 

 

 

 

 

 

Cuando el amor empieza a …

Entra en mis días arrogantemente
como el silencio tras el golpe
del mazo del juez.

Me balanceo en la brisa más ligera
a lo largo del campo de trigo
esperando la cosecha.

Llega cuando pienso que estoy segura
cuando pienso que todo lo que soy es sólo espina,
fuerte, sin pecho ni vientre,
sin ombligo
como una bodega repleta de alimentos
almacenados para el invierno.

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Miguel Hernández

(30 de octubre de 1910, Orihuela – 28 de marzo de 1942, Alicante)

 

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LAS DESIERTAS ABARCAS (POR EL CINCO DE ENERO)

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

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Jacobo Rauskin

(13 de diciembre de 1941, Villarrica, Paraguay)

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Un cuento antiguo

Los vecinos del frío en el invierno,
los de costumbre, los de siempre,
tendidos en la acera, duermen.
Se cuida el pie de tropezar con ellos.
El cierzo, no la aurora,
vendrá por esa calle a despertarlos.
Sale, por un portón, una lenta,
lentísima figura de humo.
Es un embajador del fuego.
Trae, con las palabras del caso,
el muy gentil saludo de una llama
a los hombres dormidos en la acera.
Es la noche más fría del año.

Es el frío más largo en muchos años.
Es un cuento mil veces contado, pero,
cuando menos, nos hace pensar.
Pensar en leña, en brasas,
en ceniza y en el portón entreabierto
por donde sale una figura de humo.
Tarda en llegar la aurora.
Brilla la escarcha donde se oculta el fuego.

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Isabel Bono

(Málaga, 1964)

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BUSCANDO CIERTA OSCURIDAD

desde dentro de un armario

cerrados los ojos

escuchaba la risa de mi madre

el viento en la chimenea

el eco de un martillo

un dedal rodando bajo la cama

el crujir de la madera bajo mis muslos

palabras que se perdían

y me buscaban

los sonidos, cualquiera

siempre encontraron un lugar donde vivir

a mi lado

ahora no sé qué fue del silencio,

si alguna vez lo hubo

 

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