11-M ¿la gran farsa?
Ángela
10-3-2024
Mañana se cumple el vigésimo triste aniversario de la matanza del 11M en Madrid, y en ese momento prescribirán los atentados. No se podrá reabrir el caso aunque surjan testigos o nuevas pruebas, y todo porque el juez Javier Gómez Bermúdez, no lo consideró un crimen de lesa humanidad, a pesar de entrar claramente en esa calificación, ya que fue organizado por muchas personas en el que resultaron asesinadas muchas personas. Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Ese fue el colofón de una sentencia que dejó muchos agujeros. Los agujeros negros de los que hablaba el periodista Fernando Múgica.
Sobre el juez Bermúdez, Inmaculada Castilla de Cortázar, presidente del Foro Ermua, cuenta una anécdota muy significativa. Con motivo del aniversario del asesinato de Fernando Múgica Herzog (sin ninguna
relación de parentesco con el periodista), coincidió con el juez Bermúdez. Se acercó a él y ante el historiador Fernando García de Cortázar, la mujer del juez y otras personas, le preguntó quienes pensaba él que podían ser los autores intelectuales del atentado del 11-M, a lo que él le respondió que “había cosas tan complejas, tan graves que era mejor que no se supieran todavía, que se sepan más adelante“. La respuesta de la mujer fue contundente: “no sabía que los jueces teníais competencias para saber cuándo es el momento oportuno para hacer justicia“.
¿Qué sabía el juez Bermúdez? Con esa respuesta el juez da a entender que tiene conocimiento de quienes podrían ser los autores intelectuales de esa matanza, pero es tan grave lo que conoce que no nos puede informar a la población. Los servicios secretos españoles se supone que han tenido acceso a información o documentación que explicarían qué ocurrió exactamente ese fatídico día. Servicios secretos internacionales, de algunos países en concreto, parece que también tienen información. Los ciudadanos somos los únicos que no conocemos qué ocurrió. Sólo sabemos que varios trenes con miles de personas …



íntimo amigo de Chesterton, analiza la situación de Inglaterra en esos momentos y, en cierto modo, explica el porqué de este apoyo incondicional.
su amoralidad al público. Sigue el comunicado diciendo que “la intención de los padres y madres de esos niños no era, en absoluto, hipersexualizar con sus disfraces a sus hijos porque en realidad lo que querían significar este año es una crítica a la situación política y social de España (¿pero qué coño está diciendo?). Llegamos a los padres. Los padres han consentido que sus hijas sean utilizadas por esos descabezados para conseguir su propósito que no es más que publicitar, una vez más, el movimiento LGTBI…Z, (de hecho, las niñas desfilaban con su banderita). Y lo han conseguido, ¡vaya si lo han conseguido! El mundo entero está viendo esas imágenes. Seguramente a sus madres, y hasta a sus abuelas, se les caía la baba al ver a sus niñas luciéndose en el carnaval delante de todo el pueblo. Ese es el gran problema, que unos padres están encantados del espectáculo que están dando sus niñas. La amoralidad del poder se ha extendido a toda la población, hasta el punto de considerar normal que unas niñas tan pequeñitas actúen como “dominatrix”. El pueblo entero ha aplaudido el espectáculo. Estamos tan acostumbrados a ver en televisión personajes …
El caso es que busco por internet y me encuentro con una señora que canta más bien poco (entre poco y nada) con un acompañamiento musical muy limitado y dos señores muy muy gays, con mucha pluma y en faja que se contonean enseñando el culo (curiosamente María Peláe que también participaba en el festival, (cantando muy bien, por cierto), iba acompañada por cuatro señores en faja, en este caso blanca. O el coreógrafo era el mismo o hay mucho mariquita en el mundo de la coreografía. Ella cantando (es un decir) y la gente gritando a coro: zorra, zorra, zorra, y ella encantada porque es una “zorra de postal”: “Y esa zorra que tanto temías se fue empoderando. Y ahora es una zorra de postal (zorra, zorra, zorra). Sublime.
Me entretengo un poco más y veo una entrevista a la pareja. Debo ser muy rara porque jamás he oído a ningún hombre llamar zorra a una mujer (ni una mujer a otra). Sin embargo a esta señora parece que se lo han dicho muy a menudo. Lo dice en la entrevista: “Es una canción autobiográfica”. “Me han llamado zorra muchas veces y queremos que la gente sea libre». ¿Libre para llamarte zorra? ¿La forma de que no te llamen zorra es llamándotelo a ti misma? No entiendo su lógica. Para ser más libre, llamémonos zorra todas las mujeres. Zorras de postal, por supuesto. A mí, ni se os ocurra llamarme zorra, aviso.