Poemas

César Vallejo

(16 de marzo de 1892, Santiago de Chuco, Perú- 15 de abril de 1938, París, Francia

CesarVallejo

 

 

 

 

 

 

 

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

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Jorge Debravo
(Guayabo de Turrialba, Cartago (Costa Rica), 31 de enero de 1938 – San José (Costa Rica), 4 de agosto de 1967)

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Hombre

Soy hombre , he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa…

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.

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Ángeles Mora

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Buenas noches, tristeza

La vida siempre acaba mal.
Siempre promete más de lo que da
y no devuelve
nunca el furor,
el entusiasmo que pusimos
al apostar por ella.
Es como si cobrase en oro fino
la calderilla que te ofrece
y sus deudas pendientes
-hoy por hoy-
pueden llenar mi corazón de plomo.

No sé por qué agradezco todavía
el beso frío de la calle
esta noche de invierno,
mientras que me reclaman,
parpadeando,
sus ojos como luces de algún puerto.
Por qué espero el calor que se fue tantas veces,
el deseo
por encima de todas las heridas.

Pero acaso me calma una tibia tristeza
que ya no me apetece combatir.

Todo sucede lejos o se apaga
como los pasos que no doy.

La vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?

 

(De «Pensando que el camino iba derecho» 1982)

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Fernando Valverde
(1980, Granada)

FernandoValverde

 

 

 

 

 

 

 

 

El lago

Esta nieve que pisas va a convertirse en barro
y en el lago veré mi rostro sin el tuyo.

He transitado el borde de la orilla,
he querido cruzarlo sin mojarme los pies
y he tropezado tanto que me duelen las manos.

Debajo de la hierba esperan piedras
que reciben mi piel como una encrucijada.

Pero no se la apropian,
los cuerpos son tan bellos cuando el tiempo los toca
que no nos pertenecen,
son un bosque prohibido.

Quedará para siempre la marca de un reflejo
porque no van los brazos a olvidarlo todo
aunque se hagan más grandes nuestras dudas.

Las canciones que olvidas son huellas en la nieve
y en la piel de los lagos se deshace el futuro.

(De los ojos del pelícano, 2010)

 

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Poetas cotidianos

Paterson

He visto una película “Paterson”, de Jim Jarmush que no me atrevo a recomendar porque es muy lenta y no es emocionante. Pero a mí sí me ha gustado. Y he pensado mucho en ella desde que la vi.
Paterson es un conductor de autobús que escribe poemas cada día antes de comenzar su jornada laboral  y también en su casa por la noche. En realidad podría decir que es un poeta que conduce un autobús.
Pues bien, este personaje me ha hecho pensar en muchas personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida dedicada a la enseñanza. Son personas que escriben poesías que muy pocos leerán. Escriben para  expresar sus sentimientos, escriben por placer, incluso diría que por necesidad. Escriben poesía porque sí.
Y como ejemplo os presento a Marino.
Marino tiene ahora casi 80 años. Cuando se jubiló, después de una vida de duro trabajo, empezó a estudiar Secundaria y consiguió su título con 72 años. No había podido estudiar de pequeño porque empezó a trabajar muy pronto para ayudar a su familia. Sin embargo escribe poesía con gran facilidad  sobre todos los temas que le preocupan, de amor y de denuncia,  a veces tristes y profundas y otras irónicas, graciosas y alegres. Aunque ahora tiene una vida muy ajetreada, como casi todos los abuelos, los poemas siguen surgiendo de su pluma  sin cesar. Como muestra un botón. (Mercedes Pérez Martínez, 30-12-2016)

 

Marino Jiménez

Te busqué

Te he buscado en los confines
Al no saber dónde estabas,
Te fuiste de mi lado
Sabiendo que me matabas.

He recorrido ciudades,
Pueblos y pedanías,
Por si necesitaras ayuda
Y no tuvieras la mía.

Por desiertos y montañas
Por lagos y por mar,
Por si tu frágil barquita
Hubiera que naufragar.

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CARMEN CONDE
(15 de agosto de 1907, Cartagena – 8 de enero de 1996, Madrid)

CarmenConde

 

 

 

 

 

 

Yo no te pregunto adónde me llevas

Yo no te pregunto adónde me llevas.
Ni por qué.
Ni para qué.
¿Tú quieres caminar?, pues yo te sigo.

Llevo luceros, luceros, en la mano derecha. Y llevo estrellas,
estrellas, en la mano izquierda.
Dime, hombre de todas las noches de luna, ¿qué mano va a
besarme?

¿Por qué me has quitado tus manos, tanto y tan bien como
acariciaban mi frente?
Para que me quisieras otra vez, te regalaría un collar de
islas, un sistema nervioso de horizontes.
¡Me abriría, para ti, todas las mañanas en tus labios!

Yo soy más fuerte que tú, porque me apoyo en ti.

¡Asómate a mí, que soy una torre!
¡Asómate a mí: soy aquella palmera de tu huerto, que latía
contigo!
¡Echa al aire mis campanas y mis palmas!
Yo soy tu panorama.

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Osip Mandelstam

(Varsovia, 1891-campo transitorio de Vtoraya Rechka, cerca de Vladivostok, 1938)

Osipmandelstam

 

Este poema le costó la vida a su autor Osip Mandelstam. Nunca lo publicó. Mandelstam lo leyó en círculos literarios y alguno de los asistentes lo delató. Como dice el traductor de esta versión, José Manuel Prieto, «escribirlo había sido un acto de increíble valentía, de arrojo, o más bien de integridad artística». Y añade que fue «descrito por un crítico como las dieciséis líneas de una sentencia de muerte». (Ángela, 18-11-2016)

José Manuel Prieto, escritor cubano que vivió y estudió en Rusia, no solamente traduce, sino que analiza verso a verso este breve poema que convirtió la vida del gran escritor ruso en un infierno. Es muy interesante leer este análisis publicado en Letras Libres, Mayo 2009. Para leerlo íntegramente pinchar aquí

 

EPIGRAMA CONTRA STALIN

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,
nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.
Entre una chusma de caciques de cuello extrafino
él juega con los favores de estas cuasipersonas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea tonante y los tutea.
Como herraduras forja un decreto tras otro:
A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,
/al cuarto en el ojo.
Toda ejecución es para él un festejo
que alegra su amplio pecho de oseta.

Noviembre de 1933

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Rosalía de Castro

(24 de febrero de 1837, Santiago de Compostela-15 de julio de 1885, Padrón, España)

RosaliadeCastro

 

 

 

 

 

 

 

Dicen que no hablan las plantas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

(Recomendación de Nina)

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Bertolt Brecht

(10 de febrero de 1898, Augsburgo, Alemania-14 de agosto de 1956, Berlín Este)

 

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Recuerdo de María A

Fue un día del azul septiembre cuando,
bajo la sombra de un ciruelo joven,
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.

Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla, ya no estaba.

Pasaron, desde entonces,
muchas lunas navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor?»

Debo decirte que ya no lo recuerdo,
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sólo sé que, un día, la besé.

Y hasta el beso lo habría ya olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
era muy blanca y alta, y descendía.

Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.

 

(Recomendación de Escarlata Molina)

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Reinaldo Arenas

(Aguas Claras, Oriente, Cuba, 16 de julio de 1943 – Nueva York, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1990)

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De modo que Cervantes era manco

De modo que Cervantes era manco;

sordo, Beethoven; Villon, ladrón;

Góngora de tan loco andaba en zanco.

¿Y Proust? Desde luego, maricón.

Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco,

y Virginia se suprimió de un zambullón,

Lautrémont murió aterido en algún banco.

Ay de mí, también Shakespeare era maricón.

También Leonardo y Federico García,

Whitman, Miguel Ángel y Petronio,

Gide, Genet y Visconti, las fatales.

Ésta es, señores, la breve biografía

(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)

de quienes son del arte sólidos puntales.

(La Habana, 1971)

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