Poemas

CARMEN CONDE
(15 de agosto de 1907, Cartagena – 8 de enero de 1996, Madrid)

CarmenConde

 

 

 

 

 

 

Yo no te pregunto adónde me llevas

Yo no te pregunto adónde me llevas.
Ni por qué.
Ni para qué.
¿Tú quieres caminar?, pues yo te sigo.

Llevo luceros, luceros, en la mano derecha. Y llevo estrellas,
estrellas, en la mano izquierda.
Dime, hombre de todas las noches de luna, ¿qué mano va a
besarme?

¿Por qué me has quitado tus manos, tanto y tan bien como
acariciaban mi frente?
Para que me quisieras otra vez, te regalaría un collar de
islas, un sistema nervioso de horizontes.
¡Me abriría, para ti, todas las mañanas en tus labios!

Yo soy más fuerte que tú, porque me apoyo en ti.

¡Asómate a mí, que soy una torre!
¡Asómate a mí: soy aquella palmera de tu huerto, que latía
contigo!
¡Echa al aire mis campanas y mis palmas!
Yo soy tu panorama.

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Osip Mandelstam

(Varsovia, 1891-campo transitorio de Vtoraya Rechka, cerca de Vladivostok, 1938)

Osipmandelstam

 

Este poema le costó la vida a su autor Osip Mandelstam. Nunca lo publicó. Mandelstam lo leyó en círculos literarios y alguno de los asistentes lo delató. Como dice el traductor de esta versión, José Manuel Prieto, «escribirlo había sido un acto de increíble valentía, de arrojo, o más bien de integridad artística». Y añade que fue «descrito por un crítico como las dieciséis líneas de una sentencia de muerte». (Ángela, 18-11-2016)

José Manuel Prieto, escritor cubano que vivió y estudió en Rusia, no solamente traduce, sino que analiza verso a verso este breve poema que convirtió la vida del gran escritor ruso en un infierno. Es muy interesante leer este análisis publicado en Letras Libres, Mayo 2009. Para leerlo íntegramente pinchar aquí

 

EPIGRAMA CONTRA STALIN

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,
nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.
Entre una chusma de caciques de cuello extrafino
él juega con los favores de estas cuasipersonas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea tonante y los tutea.
Como herraduras forja un decreto tras otro:
A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,
/al cuarto en el ojo.
Toda ejecución es para él un festejo
que alegra su amplio pecho de oseta.

Noviembre de 1933

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Rosalía de Castro

(24 de febrero de 1837, Santiago de Compostela-15 de julio de 1885, Padrón, España)

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Dicen que no hablan las plantas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

(Recomendación de Nina)

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Bertolt Brecht

(10 de febrero de 1898, Augsburgo, Alemania-14 de agosto de 1956, Berlín Este)

 

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Recuerdo de María A

Fue un día del azul septiembre cuando,
bajo la sombra de un ciruelo joven,
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.

Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla, ya no estaba.

Pasaron, desde entonces,
muchas lunas navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor?»

Debo decirte que ya no lo recuerdo,
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sólo sé que, un día, la besé.

Y hasta el beso lo habría ya olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
era muy blanca y alta, y descendía.

Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.

 

(Recomendación de Escarlata Molina)

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Reinaldo Arenas

(Aguas Claras, Oriente, Cuba, 16 de julio de 1943 – Nueva York, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1990)

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De modo que Cervantes era manco

De modo que Cervantes era manco;

sordo, Beethoven; Villon, ladrón;

Góngora de tan loco andaba en zanco.

¿Y Proust? Desde luego, maricón.

Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco,

y Virginia se suprimió de un zambullón,

Lautrémont murió aterido en algún banco.

Ay de mí, también Shakespeare era maricón.

También Leonardo y Federico García,

Whitman, Miguel Ángel y Petronio,

Gide, Genet y Visconti, las fatales.

Ésta es, señores, la breve biografía

(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)

de quienes son del arte sólidos puntales.

(La Habana, 1971)

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Amado Nervo

(27 de agosto de 1870, Tepic, México-24 de mayo de 1919, Montevideo, Uruguay)

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INMORTALIDAD

No, no fue tan efímera la historia
De nuestro amor: entre los folios tersos
Del libro virginal de tu memoria,
Como pétalo azul está la gloria
Doliente, noble y casta de mis versos.

No puedes olvidarme: te condeno
A un recuerdo tenaz. Mi amor ha sido
Lo más alto en tu vida, lo más bueno;
Y sólo entre los légamos y el cieno
Surge el pálido loto del olvido.

Me verás dondequiera: en el incierto
Anochecer, en la alborada rubia,
Y cuando hagas labor en el desierto …

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ANA PÉREZ CAÑAMARES

(Santa Cruz de Tenerife, 1968)

AnaPerezCanamares

 

 

 

 

 

 

 

HIJO MÍO

Que soy libre, me dicen.
Pero si quisiera tener otro hijo
tendría que llevarlo al Banco de la esquina
porque suya es mi casa.
Mi niño llamaría padre al director
y madre a la cajera
aprendería a andar con una silla de oficinista
dormiría en un cajón del archivador
y yo sólo sería un pariente lejano
que le sonreiría desde mi puesto en la cola.
Me pasaría de vez en cuando con la excusa de ampliar la hipoteca
sólo para ver qué tal me lo crían
cómo le afecta el aire acondicionado
si sabe poner un fax
y si el director le regala un juego de sartenes
por su cumpleaños.

(De La alambrada de mi boca)

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Jesús Munárriz

(San Sebastián, 1940)

jesusmunarriz

 

 

 

 

 

 

 

 

Me has dado tu dulzura a borbotones…

Me has dado tu dulzura a borbotones

en días desolados,

me has regalado el beso y el saber

secreto de tus labios,

has sabido calmar entre tus dedos

mi guerra y mi pasado

e interpretar mis gestos de náufrago

y ofrecerme tus brazos;

has puesto espliego y laúdano en mis días

y jengibre en mis noches,

me has regalado sensatez, locura,

justo medio y derroche,

has abierto tu historia a mi designio

y tu esfuerzo a mi goce

y la melancolía de tus párpados

a mi dolor de hombre.

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Eduardo Mitre
(Oruro, Bolivia, en 1943)

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Para un Adiós

Un abrazo y palabras entrecortadas

habrán dicho el adiós increíble.

Y entre tu cuerpo y el mío

manará sin cesar la distancia.

Como se apela a una hierba mágica

para sanar el mal de ausencia,

escribiré entonces estas líneas.

Y si el tiempo que une y que separa,

lo entrega un día a tu mirada,

léelo, mas no vuelvas la cara.

Hermosa y feliz en tu presente,

no cometas el error de Eurídice;

que yo, al recordar tu dulce voz,

cuidaré que me aten como Ulises

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