Poemas

Garcilaso de la Vega

(Toledo – 1499 (¿) – Niza, 1536)

Garcilaso

 

 

 

 

 

Soneto V- Escrito está en mi alma vuestro gesto…

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

 

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XAVIER OQUENDO
(Ambato, Ecuador 1972)

 

XavierOquendo

 

 

 

 

 

 

A DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS

Porque estamos en el polvo
-con y para el polvo-
Porque somos herida de polvo
y sobrevivimos como polvo
y nos regocijamos entre el polvo
y hacemos las palabras contra el polvo
y miramos las nubes que son polvo
y desaparecemos hecho polvo
y abrazamos las lunas que dan polvo
y soñamos amarnos frente al polvo
y endulzarnos los dedos sin el polvo
y recuperarnos sobre el polvo …

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Lope de Vega
(25 de noviembre de 1562, Madrid – 27 de agosto de 1635, Madrid)

LopedeVegaSanJuan

 

 

 

 

 

 

 

A MIS SOLEDADES VOY

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan, …

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Vicente Aleixandre

(26 de abril de 1898, Sevilla – 14 de diciembre de 1984, Madrid)

VAleixandre

 

 

 

 

 

 

 

 

Los besos

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
En tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan. revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.

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Dulce María Loinaz

(10 de diciembre de 1902, La Habana – 27 de abril de 1997, La Habana, Cuba)

dulcemloynaz

 

 

 

 

 

 

 

SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

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Vicente Aleixandre

(26 de abril de 1898, Sevilla-14 de diciembre de 1984, Madrid)

Vicente Aleixandre

 

 

 

 

 

 

 

 

La hermanilla

Tenía la naricilla respingona, y era menuda.
¡Cómo le gustaba correr por la arena! Y se metía en el agua,
y nunca se asustaba.
Flotaba allí como si aquel hubiera sido siempre su natural elemento.
Como si las olas la hubieran acercado a la orilla,
trayéndola desde lejos, inocente en la espuma,
con los ojos abiertos bajo la luz.

Rodaba luego con la onda sobre la arena y se reía,
risa de niña en la risa del mar,
y se ponía de pie, mojada, pequeñísima,
como recién salida de las valvas de nácar,
y se adentraba en la tierra,
como un préstamo de las olas.

¿Te acuerdas?
Cuéntame lo que hay allí en el fondo del mar.
Dime, dime, yo le pedía.
No recordaba nada.
Y riendo se metía otra vez en el agua
y se tendía sumisamente sobre las olas.

(Historia del corazón. La mirada infantil.)

 

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Alfonsina Storni

(29 de mayo de 1892,Sala Capriasca, Suiza – 25 de octubre de 1938, Mar del Plata, Argentina)

AlfonsinaStorni

 

 

 

 

 

 

 

 

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.

Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes …

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Pablo García Baena

(29 de junio de 1923, Córdoba)

PabloGarciaBaena

 

 

 

 

 

 

 

Elegía

Me envuelvo en tu recuerdo
como en nieblas secretas que me apartan del mundo.
En la calle sonrío al amigo que pasa,
y nadie,
nunca nadie
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan
pidiendo de los tuyos más desdén,
más veneno.
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,
y que el libro de versos resbala por mis manos,
ahora que la lluvia llora por los cristales
de mi ventana,
y llanto va a caer de mis ojos,
antes de que una mano encienda la dorada …

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Teresa Campos
(Managua, Nicaragua)

terecampos

 

 

 

 

 

 

La noche

Aparece la noche
llega desde el otro lado de las sombras
entra muda por la ventana del comedor
de la vieja casa
deja caer una finura negra
que cierra los ojos de las lámparas
y languidece el tiempo de los relojes
En el chinero, mausoleo de eventos familiares,
junto a la loza, el pichel con su ofrecida boca
parece lanzarle un beso.
La penumbra se acomoda junto a la costra de tristeza
acumulada en la llanura blanca de los platos
e inunda de negro el hospitalario corazón …

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 Pier Paolo Pasolini

(5 de marzo de 1922 en Bolonia – 2 de noviembre de 1975 Ostia (Italia)

PierPaoloPasolini

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesía mundana

Trabajo todo el día como un monje
y por la noche doy vueltas, como un gato viejo
en busca de amor… Voy a proponer
a la Curia que me hagan santo.
Al engaño, de hecho, respondo
con la mansedumbre. Como miran las imágenes
miro yo a los adictos al linchamiento.
Con el sereno valor de un científico
me observo a mí mismo masacrado. Parece, a veces,
que odio y, sin embargo, escribo
versos llenos de amor preciso.
Estudio la perfidia como un fenómeno

fatal, como si careciera de objeto.
Tengo piedad de los jóvenes fascistas
y para los viejos no dispongo
de otra cosa que la violencia de la razón.
Pasivo como un pájaro que, volando,
Todo lo ve y en su corazón se lleva
al cielo la conciencia
que no perdona.

De: “Poesía en forma de rosa”

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