Poemas

Vicente Aleixandre

(26 de abril de 1898, Sevilla-14 de diciembre de 1984, Madrid)

Vicente Aleixandre

 

 

 

 

 

 

 

 

La hermanilla

Tenía la naricilla respingona, y era menuda.
¡Cómo le gustaba correr por la arena! Y se metía en el agua,
y nunca se asustaba.
Flotaba allí como si aquel hubiera sido siempre su natural elemento.
Como si las olas la hubieran acercado a la orilla,
trayéndola desde lejos, inocente en la espuma,
con los ojos abiertos bajo la luz.

Rodaba luego con la onda sobre la arena y se reía,
risa de niña en la risa del mar,
y se ponía de pie, mojada, pequeñísima,
como recién salida de las valvas de nácar,
y se adentraba en la tierra,
como un préstamo de las olas.

¿Te acuerdas?
Cuéntame lo que hay allí en el fondo del mar.
Dime, dime, yo le pedía.
No recordaba nada.
Y riendo se metía otra vez en el agua
y se tendía sumisamente sobre las olas.

(Historia del corazón. La mirada infantil.)

 

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Alfonsina Storni

(29 de mayo de 1892,Sala Capriasca, Suiza – 25 de octubre de 1938, Mar del Plata, Argentina)

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Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.

Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes …

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Pablo García Baena

(29 de junio de 1923, Córdoba)

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Elegía

Me envuelvo en tu recuerdo
como en nieblas secretas que me apartan del mundo.
En la calle sonrío al amigo que pasa,
y nadie,
nunca nadie
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan
pidiendo de los tuyos más desdén,
más veneno.
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,
y que el libro de versos resbala por mis manos,
ahora que la lluvia llora por los cristales
de mi ventana,
y llanto va a caer de mis ojos,
antes de que una mano encienda la dorada …

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Teresa Campos
(Managua, Nicaragua)

terecampos

 

 

 

 

 

 

La noche

Aparece la noche
llega desde el otro lado de las sombras
entra muda por la ventana del comedor
de la vieja casa
deja caer una finura negra
que cierra los ojos de las lámparas
y languidece el tiempo de los relojes
En el chinero, mausoleo de eventos familiares,
junto a la loza, el pichel con su ofrecida boca
parece lanzarle un beso.
La penumbra se acomoda junto a la costra de tristeza
acumulada en la llanura blanca de los platos
e inunda de negro el hospitalario corazón …

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 Pier Paolo Pasolini

(5 de marzo de 1922 en Bolonia – 2 de noviembre de 1975 Ostia (Italia)

PierPaoloPasolini

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesía mundana

Trabajo todo el día como un monje
y por la noche doy vueltas, como un gato viejo
en busca de amor… Voy a proponer
a la Curia que me hagan santo.
Al engaño, de hecho, respondo
con la mansedumbre. Como miran las imágenes
miro yo a los adictos al linchamiento.
Con el sereno valor de un científico
me observo a mí mismo masacrado. Parece, a veces,
que odio y, sin embargo, escribo
versos llenos de amor preciso.
Estudio la perfidia como un fenómeno

fatal, como si careciera de objeto.
Tengo piedad de los jóvenes fascistas
y para los viejos no dispongo
de otra cosa que la violencia de la razón.
Pasivo como un pájaro que, volando,
Todo lo ve y en su corazón se lleva
al cielo la conciencia
que no perdona.

De: “Poesía en forma de rosa”

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César Vallejo

(16 de marzo de 1892, Santiago de Chuco, Perú- 15 de abril de 1938, París, Francia

CesarVallejo

 

 

 

 

 

 

 

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

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Jorge Debravo
(Guayabo de Turrialba, Cartago (Costa Rica), 31 de enero de 1938 – San José (Costa Rica), 4 de agosto de 1967)

JorgeDebravo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hombre

Soy hombre , he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa…

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.

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Ángeles Mora

AngelesMora

 

 

 

 

 

 

 

Buenas noches, tristeza

La vida siempre acaba mal.
Siempre promete más de lo que da
y no devuelve
nunca el furor,
el entusiasmo que pusimos
al apostar por ella.
Es como si cobrase en oro fino
la calderilla que te ofrece
y sus deudas pendientes
-hoy por hoy-
pueden llenar mi corazón de plomo.

No sé por qué agradezco todavía
el beso frío de la calle
esta noche de invierno,
mientras que me reclaman,
parpadeando,
sus ojos como luces de algún puerto.
Por qué espero el calor que se fue tantas veces,
el deseo
por encima de todas las heridas.

Pero acaso me calma una tibia tristeza
que ya no me apetece combatir.

Todo sucede lejos o se apaga
como los pasos que no doy.

La vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?

 

(De «Pensando que el camino iba derecho» 1982)

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Fernando Valverde
(1980, Granada)

FernandoValverde

 

 

 

 

 

 

 

 

El lago

Esta nieve que pisas va a convertirse en barro
y en el lago veré mi rostro sin el tuyo.

He transitado el borde de la orilla,
he querido cruzarlo sin mojarme los pies
y he tropezado tanto que me duelen las manos.

Debajo de la hierba esperan piedras
que reciben mi piel como una encrucijada.

Pero no se la apropian,
los cuerpos son tan bellos cuando el tiempo los toca
que no nos pertenecen,
son un bosque prohibido.

Quedará para siempre la marca de un reflejo
porque no van los brazos a olvidarlo todo
aunque se hagan más grandes nuestras dudas.

Las canciones que olvidas son huellas en la nieve
y en la piel de los lagos se deshace el futuro.

(De los ojos del pelícano, 2010)

 

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Poetas cotidianos

Paterson

He visto una película “Paterson”, de Jim Jarmush que no me atrevo a recomendar porque es muy lenta y no es emocionante. Pero a mí sí me ha gustado. Y he pensado mucho en ella desde que la vi.
Paterson es un conductor de autobús que escribe poemas cada día antes de comenzar su jornada laboral  y también en su casa por la noche. En realidad podría decir que es un poeta que conduce un autobús.
Pues bien, este personaje me ha hecho pensar en muchas personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida dedicada a la enseñanza. Son personas que escriben poesías que muy pocos leerán. Escriben para  expresar sus sentimientos, escriben por placer, incluso diría que por necesidad. Escriben poesía porque sí.
Y como ejemplo os presento a Marino.
Marino tiene ahora casi 80 años. Cuando se jubiló, después de una vida de duro trabajo, empezó a estudiar Secundaria y consiguió su título con 72 años. No había podido estudiar de pequeño porque empezó a trabajar muy pronto para ayudar a su familia. Sin embargo escribe poesía con gran facilidad  sobre todos los temas que le preocupan, de amor y de denuncia,  a veces tristes y profundas y otras irónicas, graciosas y alegres. Aunque ahora tiene una vida muy ajetreada, como casi todos los abuelos, los poemas siguen surgiendo de su pluma  sin cesar. Como muestra un botón. (Mercedes Pérez Martínez, 30-12-2016)

 

Marino Jiménez

Te busqué

Te he buscado en los confines
Al no saber dónde estabas,
Te fuiste de mi lado
Sabiendo que me matabas.

He recorrido ciudades,
Pueblos y pedanías,
Por si necesitaras ayuda
Y no tuvieras la mía.

Por desiertos y montañas
Por lagos y por mar,
Por si tu frágil barquita
Hubiera que naufragar.

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