José Martí
(La Habana, 1853 – Dos Ríos, Cuba, 1895)

En ti pensaba, en tus cabellos
En ti pensaba, en tus cabellos
que el mundo de la sombra envidiaría,
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía.
Ando yo por la tierra con los ojos
alzados -¡oh, mi afán!- a tanta altura
que en ira altiva o míseros sonrojos …



llegar a la barra, me pregunta: ¿qué te pongo, cariño”. Una cerveza y un pincho de tortilla, por favor. “Ahora mismo, cariño”. A esas alturas, ya estaba desconcertada con tanto cariño. Busco con la mirada una mesa y la camarera, solícita: “¿quieres sentarte, cariño?” Y me conduce a la mesa libre más cercana. “Ahora te lo traigo, cariño”. En ese momento empecé a pensar en una cámara oculta. No puede ser, me decía para mí. Antes de sentarme a la mesa me había llamado cariño media docena de veces. Al momento, viene otra camarera, “aquí tienes cariño”. ¡Era una conspiración! Al pagar: gracias cariño: al traer las vuelas: “aquí tienes cariño” y cuando voy a salir por la puerta, las dos al unísono: “adiós cariño”. Me veía a mí misma con la cara Josema Yuste en Encarna de noche pasando del desconcierto a la estupefacción.