Claudio Rodríguez
(Zamora, 30 de enero de 1934 – Madrid, 22 de julio de 1999)

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Lo que no es sueño

Déjame que te hable en esta hora

de dolor, con alegres

palabras. Ya se sabe

que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,

curan a veces. Pero tú oye, déjame

decirte que, a pesar

de tanta vida deplorable, sí,

a pesar y aun ahora

que estamos en derrota, nunca en doma,

el dolor es la nube,

la alegría, el espacio;

el dolor es el huésped, …

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Aleksandr Pushkin

(Moscú, 6 de junio de 1799- San Petersburgo, 10 de febrero de 1837)

24Alexandr-Pushkin

 

 

 

 

 

CAMINO INVERNAL

La luna se abre camino

entre niebla vaporosa

  y sobre el bosque mohíno

 vierte su luz cavilosa.

 Por invernal carretera

 vuela una troika veloz,

 y la esquila viajera

suena con tediosa voz.

En el cantar del cochero

se oye un algo muy afín:

ya un desenfreno altanero,

ya una tristeza sin fin.

Ni una luz, ni una chozuela,

sólo desamparo y frío, …

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ARTHUR RIMBAUD

(Charleville, 20 de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891)

rimbaud

 

 

 

 

 

 

Mi bohemia

Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos…
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!

Mi único pantalón era un enorme siete.
––Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas Y mi posada era la Osa Mayor.
––Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.

Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo

el rocío en mi frente, como un vino de vida.

Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.

 

Ma bohème

Je m’en allais, les poings dans mes poches crevées ;
Mon paletot aussi devenait idéal ;
J’allais sous le ciel, Muse ! et j’étais ton féal ; …

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Charles Baudelaire

(París,  9 de abril de 1821 –  París, 31 de agosto de 1867)

21Baudelaire

 

 

 

 

 

 

EL VIAJE

                  A Maxime du Camp

Para el niño que adora los mapas y grabados
el universo iguala a su enorme avidez.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de las velas!,
¡qué pequeño es el mundo cuando mira el recuerdo!

Un buen día partimos, con el cerebro en llamas,
en el pecho rencores y deseos amargos,
y al ritmo de las olas avanzamos meciendo
el infinito nuestro en los finitos mares:

Unos huyen alegres de sus patrias infames
o de su horrible cuna, y no faltan tampoco
astrólogos ahogados en ojos de mujer,
la tiránica Circe de filtros peligrosos.

Se embriagan, por no verse convertidos en bestias,
de espacios y de luz, de cielos abrasados;
el hielo que les muerde y el sol que les broncea
van borrando despacio la marca de los besos.

Mas viajeros, realmente, son sólo los que parten
por partir; corazones ligeros, iguales a los globos, …

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Walt Whitman

(West Hills, Nueva York, 31 de mayo de 1819 –  Camden, Nueva Jersey, 26 de marzo de 1892)

 

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Hojas de hierba (fragmento)

«Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena…
y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes…
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
(…)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.
(…)

(Recomendación de Elena, (10-4-2014)

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José Hierro

(Madrid, 3 de abril de 1922 – Madrid, 21 de diciembre de 2002)

19Jose-Hierro

 

 

 

 

 

 

 

VIDA

                          A Paula Romero

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

 

(Recomendado por José Luis, 10-4-2014)

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Nazim Hikmet
(Salónica, 20 de noviembre de 1901 – Moscú, 3 de junio de 1963)

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SÉPTIMA CARTA A TARANTA-BABU

Yo sé bien

que no pasan de seis a siete

las preguntas clasificadas

como frascos herméticos

en las estanterías de tu mente.

Tú que eres tan inmensamente ignorante

ignorante como un profesor cualquiera

de derecho público internacional.

Si a pesar de eso

te preguntara

te dijera yo a ti:

“¿Si se cayesen los pelos

de nuestras cabras,

si se les cortara la leche

que mana como rayos gemelos de luz

de la noble tibieza de sus pechos;

si nuestras naranjas

se secasen en sus ramas como un sol-niño que se apaga;

si el hambre, con sus pies descarnados,

atravesara nuestras tierras

como un déspota local

qué harías?”

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Bésame y abrázame

(Popular española)

Bésame y abrázame,
marido, marido mío,
y daros he en la mañana
camisón limpio.

Yo nunca vi hombre vivo
estar tan muerto
ni hacer el ya dormido
estando despierto.

Andad, marido, alerta
y tened, y tened brío
y daros he en la mañana
camisón limpio.

(Recomendada por Domingo, 10-4-29014

 

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Gustavo Adolfo Bécquer
Sevilla, 17 de febrero de 1836- Madrid, 22 de diciembre de 1870

17Gustavo-Adolfo-Becquer

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy como ayer, mañana como hoy…

Hoy como ayer, mañana como hoy,

¡y siempre igual!

Un cielo gris, un horizonte eterno

y andar… andar.

Moviéndose a compás, como una estúpida

máquina, el corazón.

La torpe inteligencia del cerebro,

dormida en un rincón

El alma, que ambiciona un paraíso,

buscándole sin fe,

fatiga sin objeto, ola que rueda

ignorando por qué.

Voz que, incesante, con el mismo tono, …

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