C. Menéndez Díaz
Y tú, ¿qué me das?
.. Y tú, ¿qué me das?
Voy a darte los amaneceres que te han robado algunas noches.
Voy a darte aire para respirar y mis verdades sin maquillar.
Te daré un calendario sin días y una prórroga sin minutos ni presiones.
Voy a darte la pena y la gloria a sorbos, la eternidad en una copa de vino, recuerdos envueltos en celofán y velas de las que se apagan solas cuando ya no miras.
Voy a darte confusión de la que hace resoplar. Montañas de arena para que construyas castillos. Naufragios en un desierto sin nombre y una poesía de las que no se leen.., de las que se recitan.
Te daré un lienzo en blanco para que dibujes una brújula que te hable de mí .
Voy a darte las llaves del bosque donde me esconderé cuando todo vaya mal.
Te daré los botones de mi camisa entreabierta. Mi boca cerrada cuando solo quiera observarte. Mi luz cuando estés a oscuras. Mi locura alborotada.
Te daré mi mano. Lee bien. Mi mano. Para que la aprietes si piensas que vas a caer.
Mi mano como alternativa para los fracasos…como ese punto de apoyo que comienza y termina una historia, con mi destino escrito en ella.
Mi mano llena de borrones, de orden y desorden, de sumas y restas, de palabras y perdones. Rebosada de sueños por cumplir.
De culpas y cafeína. De justicia y benevolencia.
En fin…Mi mano llena de sentir.
… «Si tu te das…yo me doy».







Todos los escritores rusos sufrieron la barbarie estalinista (los que criticaron el régimen, claro), fueron desterrados, encarcelados, enviados a los campos de concentración de Siberia pero la destrucción de Varlam Shalámov (Vólogda, 5 de junio, 1907 – Moscú, 17 de enero de 1982), fue sistemática y terrible. Fue detenido por primera vez en 1929 por difundir la Carta al Congreso del Partido de Lenin, en el que éste criticaba a Stalin. Pasó tres años en el Gulag en Krasnovíshersk, al norte de los Urales. Detenido de nuevo en 1937 por «actividades trotskistas contrarrevolucionarias» fue condenado a cinco años de trabajos forzados en Kolymá, un campo de exterminio más que de concentración. En 1943 fue condenado de nuevo a diez años por decir que el escritor Iván Bunin era un autor ruso clásico. Una vida terible como pocas que trasladó a la literatura con su obra Relatos de Kolimá. Siendo un gran narrador, para Solzhenitsyn. coetáneo suyo, era mejor como poeta.