Nuno Júdice – Poética

Nuno Júdice

Nuno Manuel Gonçalves Júdice Glória (Mexilhoeira Grande, 29 de abril de 1949-17 de marzo de 2024)[1]​ fallecido recientemente, fue un ensayista, novelista y profesor universitario y uno de los poetas más importantes entre los poetas  portugueses.

Poética

Quiero que mi poema hable de barcos y de azul, hable

del mar y del cuerpo que lo busca, hable de pájaros y

del cielo en que habitan. Quiero un poema puro, limpio

de la basura de las cosas banales, de las contaminaciones de quien

sólo mira por tierra; un poema donde lo sublime nos toque,

y lo poético sea la palabra llena. Es este poema

que escribo en la página blanca como la pared que

acabó de ser encalada, con sus imperfecciones

apagadas por la luz del día, y un reflejo del sol

gritando por la vida. Y quiero que este poema descienda

a las cavas donde la miseria se acumula, a los bancos donde

duermen los que no tienen ni techo ni esperanza,

a las mesas sucias con los restos del alba, a los

rincones donde la mujer de la noche espera al último

cliente, a la desesperación de los que no saben por dónde

huir cuando la muerte golpea a la puerta. Y canto a

la belleza que sobrevive a las frases comunes, a las

palabras ensuciadas por lo cotidiano de los mediocres,

a los versos descoloridos de quien nunca escuchó

el grito del ángel. Y digo esto para que quede, en el

poema, como la piedra tallada por un fuego divino.

 

POÉTICA

Quero que o meu poema fale de barcos e de azul, fale

do mar e do corpo que o procura, fale de pássaros e

do céu em que habitam. Quero um poema puro, limpo

do lixo das coisas banais, das contaminações de quem

só olha para o chão; um poema onde o sublime nos

toque, e o poético seja a palavra plena. É este poema

que escrevo na página branca como a parede que

acabou de ser caiada, com as suas imperfeições

apagadas pela luz do dia, e um reflexo de sol

a gritar pela vida. E quero que este poema desça

às caves onde a miséria se acumula, aos bancos onde

dormem os que não têm teto nem esperança,

às mesas sujas dos restos da madrugada, às

esquinas onde a mulher da noite espera o último

cliente, ao desespero dos que não sabem para onde

fugir quando a morte lhes bate à porta. E canto

a beleza que sobrevive às frases comuns, às

palavras sujas pelo quotidiano dos medíocres,

aos versos deslavados de quem nunca ouviu

o grito do anjo. E digo isto para que fique, no

poema, como a pedra esculpida por um fogo divino.

 

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