Dolores del Paso
27- 9- 2018
Un camino largo y desolado
Paula
Cuando se conocieron Paula era muy joven, por eso María le parecía bastante mayor, pero quizás tuviera unos 40 años y un marido de 65, que más bien parecía su padre. Una pareja rara, pensó Paula, por esa diferencia de edad tan exagerada. Vivían bien en París. Él era periodista en un diario importante. Ella no trabajaba, o mejor dicho, su trabajo era ocuparse de él. A él le gustaba salir poco, y tras jubilarse, nada. Se dedicaba en cuerpo y alma a la investigación de temas políticos y a la escritura pero tenían algunos amigos que iban a visitarlos a menudo, o recibían visitas de jóvenes interesados en conseguir información sobre los temas que él investigaba. Paula y María se veían una o dos veces al año en París, y después en una ciudad al sur, junto al mar. Paula nunca le preguntó por su vida, pero sabía que venía de Sudamérica y que había llegado muy joven a París. Poco más. No tiene por costumbre preguntar nada sobre la vida de la gente, ni siquiera de los amigos más cercanos; ellos contarán lo que quieran. Apreciaba a María, era una mujer vital y con mucho genio, parlanchina, vehemente; podía ser cortante si algo no le gustaba.
Cuando iba a verlos lo hacía acompañada de Luis y Marta, amigos comunes, también más mayores. Siempre se hablaba de política en aquellas reuniones, de la guerra, de la dictadura, pero también de lo que ocurría en el momento, sobre todo en España. España era el tema central entre los exiliados. María sobre estos temas hablaba poco, en realidad sólo para cortar la conversación cuando se iba de las manos, ya que su marido era aún más vehemente que ella. Todos los amigos habían llevado una vida bastante ajetreada, habían vivido peligrosamente durante el franquismo, por eso vivían en París o en el sur de Francia, muy cerca de la frontera.
Pasaban los años y María seguía con su vitalidad y su genio. La penúltima vez que Paula la vio todavía vivía su marido. Estaban conversando en el salón de su casa y en un momento dado entraron las tres amigas en el dormitorio. María quería mostrarles algo. En una estantería llena de libros, como toda la casa, vio la foto de un niño, un bebé. Era una pequeña foto en blanco y negro.
-¡Qué niño tan bonito!, comentó Paula
-Es mi hijo, respondió María.
– ¿A sí, tienes un hijo? No tenía ni idea.
– Murió poco tiempo después de esa foto. …



En la década de 1960 muchos trabajadores de los barrios de la periferia de Madrid pasaban las vacaciones en la Estación de Santa María de la Alameda. Llegaban en tren, pues muy pocos tenían coche, y plantaban sus tiendas de campaña al lado del río Cofio. No había que pagar nada, Las mujeres se quedaban con los niños y los hombres volvían los fines de semana. Con el tiempo algunos se hicieron sus casitas que construyeron en parcelas muy baratas, incluso regaladas. Cuando prohibieron la acampada libre, esa migración veraniega desapareció. En una de estas humildes casitas con un pequeño jardín hay una placa que indica que allí había vivido Amapola, la hija de “el ángel Rojo”. El ángel rojo se llamaba en realidad Melchor Rodríguez García, el Schindler español. Cuento esta pequeña historia porque una vez más, y son muchas, se utilizan la calumnia y la difamación para intentar destruir a las personas. Lo explica su bisnieto Rubén Buren: “Según muchos de la izquierda mi familia vivía de los millones que se había quedado Melchor, entre lo robado y lo pagado por Franco. Claro, mi bisabuela vendiendo tabaco y caramelos en una carretilla ambulante a la puerta del Metro de Tirso de Molina y mi abuela Amapola con tres hijos, su marido, su madre, en un piso de 30 metros en la calle del Amparo, mientras Melchor cumplía pena de muerte en el penal de Santa María. Millonarios…”
Huérfano de padre, tuvo que buscarse la vida desde niño con distintos oficios para ayudar a su madre a mantener a la familia e intentar sobrevivir en una situación de extrema pobreza. Se hizo novillero y desde su Sevilla natal salió para torear por esas plazas de dios, hasta que una grave cornada lo alejó del mundo del toreo, y lo acercó a Madrid donde comenzó a trabajar como chapista y enseguida pasó a militar en la CNT y luego en la FAI. Por motivo de su militancia fue detenido tantas veces que lo llamaban el Decano de la Modelo. Encarcelado más de una treintena de veces en la dictadura de Primo de Rivera y la II República, por delitos de imprenta y orden público, nunca por delitos de sangre, la atención a los presos fue una constante en su vida.

La música popular de Mongolia tiene una particularidad: el canto difónico, bifónico o de armónicos que consiste en emitir con la garganta dos o tres sonidos a la vez. Un sonido de fondo, como el sonido de una gaita o una flauta y otro que es el sonido principal. Los cantos armónicos se encuentran principalmente entre los pueblos Turco-mongol del sur de Siberia y Asia Central. Además de Mongolia, se encuentra en Tannu Tuva, una región autónoma de Rusia, que se encuentra justo al norte de Mongolia occidental, y entre los pueblos vecinos como los Bashkires (García 1840; Lebedinskii 1962:147 49), Khakassians y el Altai Gorno / Montaña Altai (Aksenov 1964). También hay mongoles en otras áreas de China, por ejemplo, en la Región Autónoma de Xinjiang y en las provincias de Qinghai y Gansu. Los mongoles Buryat se encuentran principalmente en Buriatia, una parte de la Federación de Rusia, y los mongoles Kalmyk viven cerca del río Volga en la Rusia europea, así como en el oeste de Mongolia.