Miguel Ángel Blanco

Asesinados por ETA un mes de julio

Historias de nadie

A estas alturas del año, los asesinatos de ETA se cuentan por cientos. La barbarie continúa. Los terroristas asesinan a niños, viejos, mujeres, hombres, da igual. Les pegan un tiro en la nuca, y si, por si acaso sobreviven, los rematan en el suelo. Matan y no les importa si en el atentado mueren personas ajenas al mismo. Les da igual, ellos realizan los atentados caiga quien caiga. Estos monstruos acaban con la vida de cualquiera e inmediatamente se largan a Francia donde son acogidos por las autoridades francesas durante años. Francia ha sido cómplice de los terroristas. Al Estado francés le venía muy bien la implantación del terror en España para chantajear a los distintos gobiernos. Tomamos alguna medida contra ETA a cambio de, por ejemplo, comprarnos los trenes de alta velocidad o cualquier otra cosa. Así fue prácticamente durante todo el tiempo; hasta que les dejó de interesar, ni más ni menos. Si Francia no hubiera colaborado con ETA, ésta no habría durado ni un mes.

En un mes de julio, concretamente el 10 de julio 1997, ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco Garrido, después de mantenerlo secuestrado y a todo un país en tensión pidiendo su liberación. Los ciudadanos salieron a la calle para expresar su rechazo a este vil asesinato. Poco se logró. Por asombroso que parezca, veintiocho años después, la organización cercana a ETA, Bildu, está en el Congreso de los Diputados exigiendo al gobierno de Sánchez todo lo que quiere porque si no lo dejan caer. Mertxe Aizpurúa, la delatora que desde el periódico EGIN señalaba a las personas a la que ETA podía matar,  ahora, desde el Congreso, señala a los periodistas que no le gustan. Los tacha de provocadores, de “acosar, atacar y señalar» y de «generar odio». Una tía condenada por apología del terrorismo a un año de prisión y de inhabilitación. Eso es lo que hemos conseguido.

También tenemos que ver a las “hermanitas” Belarra y Montero recibir con los brazos abiertos y con una sonrisa de boca a boca a un tipo como Otegi, condenado a seis años de cárcel por el secuestro de Luis Abaitua, director de la fábrica de Michelin en Vitoria (1979). Belarra que llama nazi a un periodista porque no le gusta lo que le pregunta, se abraza efusivamente con un terrorista. Lo mismo hace la bocazas de Irene Montero.

Tanto sufrimiento, tantos muertos, tantos mutilados, tantas vidas destrozadas para tener que soportar ahora a gentuza como ésta y encima pagarles unos salarios que triplican o cuadruplican el salario medio de cualquier español.

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NO matarás, y si matas…

Ángela

15-7-2022

 

Cuando era pequeña me llamaban la atención los 10 Mandamientos. Pensaba en cuánta violencia habría antes como para que tuvieran que sacar una ley en la que decían que no se podía matar, ni robar, ni levantar falso testimonio… en fin, cosas que, evidentemente, no se pueden hacer. Con el tiempo me di cuenta de que para mucha gente no era tan evidente que no se pudiera matar. Porque hay gente que mata.

10mandamientosYo creo que no hay que matar; por eso, por mis principios morales, estoy en contra de la pena de muerte. Pero el que mata no tiene los mismos principios morales que yo, según ellos sí se puede matar, de hecho, matan; entonces los que matan tienen que admitir que si ellos pueden matar, los demás también pueden matarlos a ellos.

Que yo esté en contra de la pena de muerte, no quiere decir que no piense que hay gente que se merece la muerte. Muchos se la merecen. Todos los que matan impunemente.

Se merece la muerte el tipo que el 8 de mayo de 1999 asesinó a una joven, casi una niña, de 20 años. Apareció muerta en Torrejón de Ardoz, Madrid. La cosieron a puñaladas, 39 encontraron en su frágil cuerpo los forenses. Había salido de fiesta con sus amigos, y no volvió a casa. Por el ensañamiento estaba claro para la policía que el asesino tenía que ser una persona muy cercana a ella. Había dos sospechosos: su novio con el que discutió esa misma noche y que por ese motivo la dejó sola en mitad de la noche (o eso alegó), y un joven con el que había salido anteriormente.

¿Por qué pienso en este caso concretamente con todos los que hay? Porque conocía a la joven desde pequeñita cuando venía a ver a su abuela y jugaba en la calle con sus hermanos. Una niña delgadita, con un pelo negro precioso, alegre y vivaracha. Porque conocía a toda su familia desde que nací, desde que nacimos, su padre unos tres años después que yo, su hermana el mismo año que yo. Y nos seguimos viendo cuando iba, una vez a la semana, a veces, diariamente, con sus hijos a ver a la abuela y a los tíos. La última imagen que tengo de ella es el de una adolescente, porque seguía siendo delgadita, frágil, con su melena negra como el azabache.

Y de repente, el horror. Nunca se me olvidará cuando entrando al tanatorio su padre se dirige hacia mí y nos fundimos en un abrazo; el pobre sin dejar de llorar repetía incesantemente “me han matado a mi niña, me han matado a mi niña, me han matado a mi niña. ¿Cómo olvidar ese momento? Lo recuerdo como si lo estuviera viendo ahora mismo. Estábamos todos …

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