El gato blanco y negro

Ángela

15-5-2026

La mañana era fría, algún grado bajo cero. Desde la terraza se veían los plásticos, que había puesto para proteger los tiestos de la helada, zarandeados por el fuerte viento y alguno quedaba desprotegido.

Pensativo
Pensativo

Al acercarme, oí un ruido ligero a mi espalda y al darme la vuelta casi no me dio tiempo a ver el gato blanco y negro que saltaba desde dentro de la barbacoa que parece más bien una casita con chimenea, y salía corriendo a toda velocidad. Más se asustó él que yo.

A partir de ese día, cada mañana me acercaba despacito y me asomaba por la ventana de la barbacoa, y allí estaba. Al principio salía corriendo, pero pasados unos días me miraba expectante pero no se movía.

Asomando
Asomando

Tenía buen aspecto, no parecía un gato callejero, probablemente tenía dueños pero por algún motivo se habían tenido que mudar a otro lugar. Algo así me imaginaba.

Hacía tiempo que lo veía por los prados. Sentado al sol. Tranquilo observaba las casas, el poco movimiento de personas. Los zorros, los jabalíes no bajan tanto, aunque hemos visto alguno acercarse a beber agua al arroyo, pero no parecía preocuparle. Meses viéndolo pasar y nunca entró en el jardín porque estaba Calcetines, no porque lo temiera, sino porque no querría molestar. Un día me vio salir sola, como un alma en pena. Y otro día también, hasta que se dio cuenta de que no estaba Calcetines. Ahora era su momento.

En la escalera
En la escalera

Al invierno le quedaba mucho por hacernos sufrir. Comencé a ponerle comida. Y él se la encontraba en el plato cuando llegaba. Se la ponía siempre a la misma hora para que se acostumbrara a venir y no dejar la comida durante horas y que se vinieran otros gatos a comérsela. Y se acostumbró.

Entre las doce y la una de la tarde comienza a dar vueltas por el jardín. Se acerca cada vez más, pero no demasiado. Cuando me ve bajar hace como que se va, pero se va poquito. Observa todo sin perder ni un segundo el interés por lo que le mantiene …

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