Barbarie francesa. El ¿genocidio? de  La Vendée

Ángela

13-3-2020

 

Las famosas matanzas de los cátaros en el siglo XII y de la los calvinistas en la noche de San Bartolomé en el siglo XVI, de las que hablamos en el artículo anterior, quedan en muy poca cosa comparadas con  las de La Vendée. La mayor masacre por motivos religiosos se produjo en Francia con la Revolución francesa. En este caso los asesinados son los monárquicos católicos que se oponían a las disposiciones de los nuevos dirigentes contra la religión católica. Tan salvaje fue la actuación de los llamados revolucionarios que algunos historiadores hablan de genocidio.

El 28 de febrero de 1794, entraron las tropas republicanas en Lucs-sur-Boulogne, un pueblo de la región del Loira. Obligaron a la población a entrar en la iglesia pero como no cabían todos, a los que quedaron fuera los mataron a tiros y a punta de bayoneta para no gastar tanta munición y a continuación prendieron fuego a la iglesia. Murieron 564 personas, de las cuales 109 eran niños menores de siete años. Este caso es sólo un ejemplo de la barbarie desencadenada por estos “defensores de los derechos del hombre y del ciudadano”.

La VendeDesde el mismo instante que estalla la revolución, junio de 1789, queda claro que uno de sus fines es acabar con la religión católica. En  menos de un año, el 13 de abril de 1790, la Asamblea Nacional rechazó el catolicismo como religión nacional. A continuación, el 12 de julio se decretó la expropiación de los bienes eclesiásticos. El 27 de noviembre se exigió a todos los dignatarios eclesiásticos jurar acatamiento a la nueva ordenación legal del clero. La Constitución Civil del Clero, exigía a los sacerdotes un juramento de fidelidad a la revolución. La negativa de muchos de ellos de aceptar este juramento les salió muy cara. Más de 40.000 sacerdotes –unos dos tercios del clero francés– fueron deportados o guillotinados. Los revolucionarios querían acabar cuanto antes con la religión católica e implantar la suya. El 8 de junio de 1793, Robespierre proclamó la «Religión del Ser Supremo».

Esta actitud antirreligiosa unida a la leva obligatoria de 300.000 jóvenes ordenada por la Convención en marzo de 1793, fueron las causas inmediatas de la oposición de muchos franceses a la revolución. Se produjeron sublevaciones en distintas zonas, pero la región de La Vendée puso en jaque a los nuevos dirigentes que decidieron acabar con los rebeldes utilizando una violencia brutal.

Los enfrentamientos entre el ejército revolucionario y lo monárquicos católicos de la Vendée fueron continuos hasta que en agosto de  1793, la Convención de París expidió un decreto disponiendo que el Ministerio de la Guerra enviase materiales inflamables de todo tipo con el fin de incendiar bosques, cultivos, pastos y todo aquello que arder pudiera en la comarca. En enero de 1794 el general Turreau, responsable de las “columnas infernales” (cómo serían de bestias que así se denominaban), escribía a la Convención nacional: “Hay que tomar grandes medidas, hay que exterminar a todos los hombres que han tomado las armas, y golpear con ellos a sus padres, sus mujeres, sus hermanas y sus hijos. La Vendée debe de ser un gran cementerio nacional

Otro general, Marceau, escribe: «Por agotadas que estuvieran nuestras tropas hicieron todavía ocho leguas, masacrando sin cesar y haciendo un botín inmenso. Nos hicimos con siete cañones, nueve cajas y una inmensidad de mujeres (tres mil fueron ahogadas en Pont-au-Baux)». A los ahogamientos masivos en los ríos los llamaban “deportaciones verticales”.

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