Miriam Villares

Miriam Villares

LA PARADA

Eres un tiovivo parado

donde los caballos tienen herradura de cartón duro

y venas de tirantes de hierro.

Arrancas, te enfureces y te desbocas hacia esa bombilla amarilla

que promete tierra y manzanas,

pero vuelves a estar parado

la bombilla no está y tu techo es una marquesina,

musgo, niebla, norte,

el autobús no llega, pero el día se va

como una serpiente en el desierto,

la luz te ciega y piensas en que quieres

conocer la resonancia de los huecos

que dejan los cuerpos que a tu lado pasan

porque solo así creerás que eres más que huesos y carne,

quieres que tu cuerpo deje un sonido grave, de campana,

que sea eco, espacio, olor a caoba,

tinta, brújula.

Llega el autobús, que barre

las campanas que nunca fueron tañidas.

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Miriam Villares

TU LLANTO A BOCA ABIERTA

Tu llanto a boca abierta

y girasol decapitado

y aceite de sangre derramándose por las paredes de piedra

o cayendo en la tripa en horizontal, como semilla ahogada,

te rodea el hogar de metal y cuerda de esparto

o trenzadas las caricias para golpearte más fuerte.

Tu cuerpo,

lleno de nudos y pieles secas.

Salen ojos, uñas, dientes,

hablan arañazos en la pared,

en el suelo,

en la semilla,

y el silencio se queda aún en suspenso

mientras la piedra intenta respirar

encerrada como un saco de

huesos y sangre.

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