Ángela
2-2-2024
De mujeres con pene y otros delirios
Un soldado de casi dos metros de altura, grande como un armario, con barba, un tiarrón, vaya, va al registro y dice que le cambien el sexo porque es una mujer, y se lo cambian. No se cambia ni siquiera el nombre, sigue siendo Francisco. Este
armario denuncia que en el cuartel donde trabaja no le dejan entrar al vestuario de mujeres, con lo que le gustan las mujeres: “No soy transexual, porque a mí me gusta mi sexo. No voy a amputar ni me voy a operar. Estoy feliz con mi cuerpo y me gustan las mujeres«, y ha aprovechado la nueva Ley Trans, dice, porque la anterior exigía someterse a un tratamiento hormonal, e ir al psicólogo, y cambiar de nombre, con lo que le gusta el de Francisco («¿Por qué una mujer se tiene que llamar María?», dice). Con la nueva ley todo este lío te lo ahorras. Francisco es una mujer porque así lo ha decidido y lo pone en su DNI.
Un atleta federado que compite en carreras de montañas con el nombre de Quim D, se apunta a una carrera de mujeres con el nombre de Quima D y le dejan participar los organizadores. El tipo gana la carrera, lógicamente, y se va tan contento con su medallita, encantado por su logro. Con el tiempo que consiguió, si hubiera competido en la carrera de hombres de ese mismo día, habría quedado el número 55. Ante las protestas, el tipo se defiende diciendo que “Con mis niños, con mi familia, yo me siento hombre, pero sí es cierto que en mis momentos de montaña yo me siento mujer«. Y encima, ante las críticas, se hace la víctima: “lo que no entiendo es cómo nadie se ha podido plantear la duda de si me ofendía«.
En un partido de voleibol en Toronto, la mitad de las jugadoras son hombres: tres en el Seneca Sting; dos en Centennial Colts. Según le comentan al periodista, se han producido lesiones muy graves, dos conmociones cerebrales producida por la fuerza utilizada por los jugadores masculinos sobre las mujeres. Concretamente una de esas conmociones cerebrales la …

él nunca se sintió una niña a pesar de lo que decía el psicólogo que consideraba un éxito su “ensayo”, que al fin y al cabo era lo único que pretendía: conseguir el éxito poniendo en práctica su loca teoría sobre dos criaturas inocentes. Tras varios años de consultas médicas por sus desbarajustes mentales, los padres le confesaron que era un niño; a los catorce años decidió cambiar a su verdadera identidad y se convirtió en David. Más operaciones: una doble mastectomía (llevaba toda la vida con tratamientos de hormonas femeninas y desarrolló el pecho como cualquier niña), inyecciones de testosterona, en fin, un infierno interminable. Consiguió más o menos seguir con su vida. Denunció el caso y apareció en programas de televisión que pusieron en evidencia al maldito John Money. En 2004 se suicidó. Tenía 38 años. Su hermano gemelo, Bryan, había fallecido dos años antes por sobredosis tras …