La mentira de la solidaridad

Ángela

La película que se han montado unos cuantos pijos-progres yendo en barco a Gaza habría que clasificarla como X por pornográfica. La peli comienza cuando unos cuantos tíos y tías deciden montarse un viajecito que les salga gratis. Y les sale gratis, aunque no está nada claro de dónde sale el dinero para su paseo por el Mediterráneo. Israel afirma que los financia Hamás, pero lo que diga Israel no cuenta. Nos quedaremos con la duda de quién les pagó la fiesta que, por cierto, no fue barata.

El caso es que se montan en su barco, y se graban a sí mismos de fiesta, cantando, bailando, tan felices y contentos mientras en Gaza los israelíes continúan la matanza diaria de niños y mayores. Más de un mes de viaje de placer erótico-festivo. Mucho tiempo para cualquier trabajador, aunque le paguen el viaje. Pocos pueden dejar sus trabajos para realizar sus actividades solidarias. Greta Thunberg no tiene problema. Ni trabaja ni tiene intenciones de hacerlo; puede dedicar su vida a cualquier cosa, le da igual el cambio climático que la guerra de Gaza. Lo mismo vale para un roto que para un descosido. El caso es no quedarse en casa, ni trabajar, ni estudiar, lo que hacen el resto de los mortales. Esos que le pagan a ella el viaje.

Se suponía que llevaban ayuda humanitaria para los gazatíes. Para eso iban a arriesgar su vida, decían. Luego se ha visto que no llevaban prácticamente nada y ellos mismos han confesado que se trataba de un acto simbólico. Se trataba de un acto político. Lo que querían era publicidad y lo han conseguido. Objetivo logrado, aunque los niños de Gaza no recibieran nada de esta gente tan solidaria.

Dentro de los pijos-progres los hay que prefieren pasar más o menos desapercibidos y los que se plantean el viaje como la posibilidad de convertirse en estrellas televisivas. Ahí está la tal Ana o Hana, la rubia a la que llaman Barbie Gaza, que desde el minuto uno se dedicó a chupar cámara y lucir su estampa a babor y a estribor. A la vuelta se ha paseado por todas las televisiones, como es normal. Las televisiones son así.

Los pijos-progres exigen protección al gobierno. Vamos a la guerra, dicen, en un acto de ayuda para los gazatíes, esos niños y mayores que están muriendo de hambre y de sed cada día, si no mueren por los bombardeos, mientras los pijo-progres fiestean en su barco. Y el gobierno, siempre tan solidario con quien le interesa, les pone un barco de guerra que viaja a su lado (20.000 euros al día nos ha costado la broma). No se sabe para qué, porque está claro que no va a traspasar los límites establecidos por Israel, ¿o pensaban los pijo-progres que Pedro Sánchez le iba a declarar la guerra a Israel? No, todos sabían que todo esto sólo era un juego, un paripé en el que cada uno tenía su papel. Así es que, a 70 millas de la costa, todos para casa. A los que se empeñan en seguir, los abordan los Israelíes y se acabó la historia. Dos o tres días detenidos y a sus casas.

La vuelta ha sido lo más vergonzoso. Todos vestiditos de blanco (parecían de una secta vegana en la que se practicara yoga y meditación), alzando los brazos con júbilo, los dedos con la señal de victoria, recibidos con alborozo por papá y mamá. Mi niño, mi niña gritaban incluso los padres de parejita de ETA. La valentía mostrada por todos ellos es digna de elogio. Nos han esposado, nos han maltratado, nos han dado agua del grifo, se han reído de nosotros. Nos han torturado. Uno de ellos, el más tonto de la pandilla, llegó diciendo que el trato recibido estaba entre “Guantánamo y Auschwitz”, ni más ni menos. Hay que tener cuajo. Eso no es sólo una imbecilidad, …

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