Errejón: cuando los tuyos van a por ti

Ángela

22-11-2024

Un  día, muy de mañana, Iñigo Errejón, ex de Podemos y portavoz de Sumar, se levanta (más bien parece que no se había acostado) y envía a la prensa una carta extrañísima en la que expresa que dimite de sus cargos y abandona la vida política. Los motivos que aduce son el ritmo y modo de vida que han desgastado su salud física y mental, y luego habla de subjetividad tóxica, patriarcado, neoliberalismo, palabras huecas para no explicar nada.

Lo cierto, es que al tiempo de la carta, aparece una información que explica el porqué de su dimisión: la periodista Cristina Fallarás (militante de Podemos), ha sacado en su canal de Instagram el testimonio de una mujer anónima que dice haber sido maltratada psicológicamente por “un político que vive en Madrid. Un político muy conocido. Me habían avisado del trato que les daba a las mujeres, pero dada su posición política no podía creerme que eso fuera verdad, así que aun así seguí”. La señora anónima reconoce que estaba avisada, pero como era famoso y se había fijado en ella, no iba a dejarlo así como así.

Sigue la señora anónima describiendo al personaje: “Es un maltratador psicológico. Esta es la dinámica que emplea: ser extremadamente simpático inicialmente para engancharte, cuando ve que ha conseguido algo empiezan los desplantes y el gaslighting (siempre eres tú que no entiendes al diputado). Por la tarde te muestra afecto e incluso te hace proposiciones de relación y a las dos horas te echa de su casa. Si haces algo que no le gusta, te castiga con silencio e indiferencia, para que vayas aprendiendo a respetar a Dios, que es lo que se cree que es”. Vamos a ver, cuando alguien quiere ligar lo normal es que sea simpático, que se muestre afectuoso, no va a ser un borde, lo que quiere es acostarse contigo. Lo raro es que, cuando lo consigue y te echa de su casa, tú vuelvas con él. ¿Te deja de hablar y continúas llamándolo? Si no te habla lo mandas a la mierda y ahí se acaba la cosa. Pues no, la señora anónima de izquierdas sigue con un tipo que, según ella, la maltrata psicológicamente. En fin, el esperpento sigue.

Inmediatamente despuñes, el diario Público (diario pro Podemos) dice quién es ese político tan simpático al principio y tan antipático después: Iñigo Errejón. Y ahí se acabó la vida no sólo política del cofundador de Podemos.

Un día después llega la primera denuncia ante un juzgado. La ha presentado una actriz, según parece, yo no he oído su nombre en la vida, una tal Elisa Mouliaá, que con toda clase de pelos y señales (literal) expone su relación con Errejón.

Los hechos que denuncia ocurrieron a finales del mes de septiembre del año 2021 (tres años antes de la presentación de la denuncia, tardó un poco en darse cuenta de que había sufrido acoso). Tal y como cuenta la interfecta en la denuncia, Errejón la invita a la presentación de su libro y después se van juntos con los amigos de ella a una fiesta. En esa fiesta, Iñigo Errejón, dice la denunciante, le pone tres normas: «La primera que no se alejase mucho de él esa noche. La segunda, que si lo hacía no se fuese a más de veinte metros de él y regresase en un minuto. Y la tercera que esa noche le diese un beso». Vamos a ver, otra vez. ¿Un tipo al que ves por primera vez en tu vida te pone normas y tú las aceptas?  ¿Con treinta añazos aceptas todo lo que te mandan?

Después se van a casa de unos amigos de ella y en el ascensor Iñigo le dice que «‘la tercera regla la voy a romper ahora mismo”; “acto seguido agarró a la denunciante fuertemente de la cintura y la comenzó a besar introduciéndole su lengua en el interior de su boca, dejándola sin respiración y de una forma violenta». Eso pasa en el ascensor y después de meterle la lengua de forma violenta, sigue con él.

La denunciante relata cómo la obliga a meterse en una habitación y la «encierra». ¿Están en casa de los amigos de ella y el tío la obliga y la encierra? ¿Cómo es posible? ¿Sus amigos no impiden que el tipo la encierre? Si eso es así, a los primeros que tendría que denunciar es a sus impresentables amigos.

Continúa la denuncia: «Le quita el sujetador al tiempo que le decía frases lascivas del tipo ‘cómo me pones’, todos estos hechos ocurrieron sin el consentimiento de la declarante. Acto seguido, empujó a la dicente sobre la cama y el denunciado se sacó su miembro viril, comenzando a lamer la zona de los pechos de la declarante». Yo me parto. Le quita el sujetador con lo difícil que es con ella oponiendo resistencia. Es más fácil romperlo que quitárselo. Bueno, pues el sosángano lo consigue. Parece que no se resistió mucho. Más bien nada. No le gustaba, pero le dejaba hacer. Según se afana Errejón en quitarle el sujetador le dice frases lascivas: cómo me pones. ¡Jo, cuánta lascivia!

El lenguaje judicial es apasionante. La dicente, o sea, la señora Mouliaá, afirma que el denunciado, o sea, Errejón, la empuja sobre la cama, se saca “el miembro viril” y comienza a lamerle las tetas. «La dicente recuerda que se sintió paralizada y que no consintió nada de lo que sucedió, fue en ese momento cuando le dijo que ella quería seguir en la fiesta, argumentando que su amigo se había quedado solo. Iñigo le respondió que salía de la habitación con la condición de que en veinte minutos ambos se tenían que ir de la fiesta a la casa de Iñigo. La denunciante recuerda que accedió a su condición, ya que su …

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