El juego
1-2-2019
Dolores del Paso
A pesar de la lluvia que cae rítmicamente desde primera hora de la tarde, ha cogido el coche para darse un paseo. De vez en cuando le gusta conducir sin rumbo, por el placer de conducir. No está sola. En el asiento de atrás se remueve un poco Merlín, su perrito miniatura, hasta que se acomoda y duerme plácidamente. Por las calles cercanas la gente se mueve de un lado para otro, grupos de jóvenes que cambian de local, parejas mayores que salen de cenar, o del teatro, o del cine, incluso algunos ancianos que se recogen tarde. Según va alejándose del centro, las calles se ven cada vez más vacías. Callejea tranquilamente, sin prisa, pero no quiere quedarse por allí, se dirige hacia la M40 dónde puede conducir más libremente, sin semáforos, sin cruces. Cuando se incorpora a la M40 el tráfico es fluido; todavía circulan coches de los que vuelven a casa en los barrios o en los pueblos limítrofes. Circulan deprisa, tienen ganas de llegar a casa, ponerse el pijama y sentarse a ver la tele un rato antes de ir a dormir. Es jueves, así es que no quedarán muchos dentro de un rato, mañana hay que trabajar. Ella no tiene prisa, se coloca en el carril derecho y se centra en la música …
