Carta para adolescentes en drogas

Carlos (un nombre ficticio), es un alumno especial para mí. Le di clase de lengua e inglés en el curso 2015…y fue terrible. No prestaba atención, hablaba sin parar, llegaba tarde y entraba sin llamar, sólo abría el cuaderno para hacer dibujos. En alguna ocasión, cuando se aburría mucho, se levantaba y diciendo “estoy hasta la polla” , se iba de clase. Yo hablaba con su madre…Pensé que era un caso perdido. Pensé que se aburriría del todo y se iría sin tener que expulsarle…pero no. Le gustaban las matemáticas y se le daban bien. Así que los profes aguantamos como pudimos y acabó el curso.

Este curso 2016 Carlos era otra persona. No ha dado ningún problema, ha tenido un comportamiento correcto, ha participado en todas las actividades y ha sido amable con los profes y los compañeros.

Ahora mantenemos una estupenda relación a través del whatsapp.

Le pedí que me escribiera una redacción sobre qué había pasado ese año y aquí la tenéis. (Mercedes, 26-8-2016)

 

Yo en mi adolescencia entré en los porros; lo que tiene, un comienzo de risas. Pero sólo era un comienzo…

Quiero contar con mi experiencia el dolor, el sufrimiento familiar y los problemas psicológicos, sociales y físicos que esto puede causar.

Yo fumaba marihuana y hachís, dos drogas que incitan a probar otras. Con el tiempo se formó una dependencia y robaba a la familia, golpeaba a los amigos; se pierden las ganas de estudiar, de divertirte bien, etc. Lo peor es tener a tu familia con el alma en vilo. Te conviertes en una persona agresiva, que pasa de todo, que solo quiere fumar y el resto da igual. Llegué a tener epilepsia frontal, que me atacaba por las noches con movimientos fuertes y también sufrí ansiedad espontánea. Empiezas a no soñar.

Un día me dio un ataque de ansiedad y estuve más de ocho horas llorando y juré a Dios que si se me pasaba dejaría las drogas. Y así fue. Y fue lo mejor que he hecho en la vida. Recuperé la salud, recuperé a mi familia, recuperé los estudios…todo aquello que había perdido por culpa de las drogas.

Mi madre y mi padre recuperaron a su hijo. Ahora se sienten orgullosos de mí, y yo mismo me separé de los “amigos”. Ahora lucho por mí, por mi futuro y por mi familia, porque son los que van a estar ahí cuando pase algo, los que de verdad te quieren y no hay mejor regalo para mí que mantener orgullosa y feliz a mi familia, sobre todo a mis padres y hermanos.

Esta es una advertencia de la experiencia para todos aquellos fumadores, que dejen de fumar drogas que afectan a su salud.

La familia es lo más valioso en la vida de una persona.

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