Coronavirus. la playa, la azotea y el perro

Desde mi guarida

Ángela

14-4-2020

 

Cada día, a las doce salen por la tele los portavoces del coronavirus para contarnos, se supone, lo que está pasando; digo se supone, porque aunque los he visto pocas veces, me da la sensación de que cuentan lo mismo todos los días. Cambia el número de contagiados y de muertos. Nada que indique que están resolviendo algo. Lo único que han conseguido hasta ahora es encerrarnos en casa; pero no nos vamos a quedar toda la vida, digo yo. Podríamos hacerlo y morir de hambre para evitar aumentar las estadísticas de muertos por coronavirus, que es lo que más les molesta  a nuestros gobernantes, las estadísticas.

EscherSubeybajaUnas comparecencias en las que cada uno da su charla con pocas posibilidades de preguntar por parte de los periodistas, porque no hay periodistas. Un censor se ocupa de elegir los medios y las preguntas que menos molesten al gobierno. Ante la queja del sector (han tardado lo suyo; salvo unos poquitos que han reclamado desde el principio, los demás se han callado durante un mes) han admitido preguntas directamente de los periodistas por vía telemática. Eso sí, los medios los eligen ellos, los que no les bailan el agua salen poco o nada.

Aparecen el inefable Fernando Simón, el que decía que a España no le iba a afectar nada o casi nada el coronavirus (y no ha dimitido) y con sus uniformes, los jefes de la policía, la guardia civil, y el ejército. Nos relatan la importante labor que están haciendo cada uno de ellos y por la que les estamos agradecidos (lo del hospital del IFEMA es impresionante), los hospitales de campaña, la desinfectación de las residencias,etc. Magnífica labor. Pero también nos informan de la detención de una señora que había salido a pasear el perro y estaba a 500 metros de su casa; o de unos agentes que han detenido a un hombre que ha dado la vuelta al bloque sin llevar su perro; o explican que un dron de la guardia civil ha descubierto a un hombre que había acampado en medio de la montaña; tampoco llevaba el perro. De repente un día anuncian la detención de unos delincuentes que estafaban vendiendo por internet mascarillas inexistentes, o algo parecido. Uf, menos mal, por fin un delito. Y se tiran un buen rato con estos chascarrillos.

Antes o después de su presencia, todas las televisiones nos muestran cómo un helicóptero de la policía aterriza con urgencia en una playa porque ha visto a un hombre sentado en la arena, y se ve a un hombre solo en medio de una playa desierta y los policías que le dicen que se vaya y le acompañan en su desolado caminar. A lo mejor el hombre ha salido para eso, paro que lo detengan o retengan o como lo llamen, y así poder hablar con alguien. Que digo yo, que de algo irían hablando mientras le hacían salir de la playa. También vemos en otro momento el dron que sobrevuela un monte y allí, bajo los árboles, la policía está identificando al señor que había acampado y no llevaba perro. Y el mismo u otro dron que sobrevuela un edificio porque en la azotea hay dos o tres personas tomándose una cerveza (en este caso, del perro ni hablamos). ¿De verdad es necesario que salgan los altos mandos de la policía y la guardia civil para contarnos eso? Ya sabemos que con el estado de alarma que nos han encasquetado pueden detener a cualquiera: al que no lleve mascarilla, al que la lleve mal puesta, al que lleve una servilleta por mascarilla (han dicho que nos las hagamos en casa y ¿ahora no valen? Con lo bonitas que son las mías: de flores, de cuadritos, de franela…) Hasta hace cuatro días las mascarillas no eran necesarias y ahora tienen que estar homologadas. Si no fuera porque estamos viviendo una tragedia, sería hasta gracioso.

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