La prensa servil
Ángela
3-12-2021
Desde que comenzó el coronavirus van pasando los días, ya los años, de disparate en disparate. Primero, en España (eso que ahora llaman “territorios”) no iba a pasar nada y podíamos asistir a manifestaciones multitudinarias sin ningún problema. Los políticos, algunos en primera fila, pancarta en mano, nos animaban a asistir. Pocos días después, esos mismos, nos encerraron en casa durante tres meses. Tres meses sin pisar la calle. Los ciudadanos enfermaban física y psíquicamente (los suicidios, sobre todo de jóvenes, han aumentado desde entonces de forma vertiginosa). Las mascarillas no eran necesarias un día y al día siguiente eran (y siguen siendo) imprescindibles.
Y llegaron las vacunas. Vacunas que se están inyectando sin haber hecho los ensayos suficientes; se están inyectando con permisos de emergencia (1), no definitivos. Una vacuna necesita años para ser aplicada a los pacientes. Los ensayos se han realizado sobre millones de personas, con los resultados que conocemos: miocarditis, encefalitis, trombosis y otros daños severos, casos que la prensa no saca a relucir. Y no se puede reclamar, porque todos los gobiernos, no sólo el español, han firmado documentos que les han presentado las farmacéuticas en los que se señala que no se harán cargo de los posibles efectos secundarios provocados por la inoculación de la vacuna. ¿Han dicho algo los medios de comunicación ante esta actitud servil de los gobiernos ante los gigantes farmacéuticos? Absolutamente nada.
En principio las vacunas eran aconsejables para los mayores de 80 años, los más afectados por la pandemia. Inmediatamente después entraron a formar parte del grupo de los “afortunados” los mayores de 65. Y así han ido bajando hasta vacunar a los niños de más de doce años. Ahora ya …



La COP26 que actualmente se desarrolla en Glasgow (Reino Unido), desde el 31 de octubre y hasta el 12 de noviembre, no parece que vaya a escapar a esa regla. Comenzó con un espectacular video, donde un dinosaurio subía a la tribuna de la Asamblea General de la ONU para lanzar una llamada de alerta sobre la posible extinción de la especie humana, y prosiguió con el discurso de apertura del primer ministro británico, Boris Johnson, sobre lo que haría James Bond ante la amenaza del cambio climático. El show prosiguió en la calle con una manifestación encabezada por Greta Thunberg, quien declaró ilegítimos …


No conocía al joven, pero desde mi terraza veía de vez en cuando a un hombre que cuidaba el jardín. Pensaba que era gente que venía los fines de semana, pero según contaban al día siguiente, el chico había pasado todo el confinamiento solo en la casa, y allí seguía, meses después, teletrabajando. Tenía amigos en el pueblo y ese día habían quedado para hacer una barbacoa en la casa de uno de ellos, y como no llegaba, fue la novia a buscarlo. Ella fue la que lo encontró. Se había ahorcado en el garaje. ¡Qué horror! Un chico tan joven, 25 años tenía, y qué pronto acabó su vida. ¡Qué tristeza!
Se pregunta Van Morrison en Where have all the rebels gone? escrita durante el confinamiento, lo que nos preguntamos muchos, ¿dónde están los rebeldes? No están en la calle defendiendo las libertades. Están delante del ordenador. Los gobiernos imponen normas contrarias a derecho, coartan la libertad, encierran a la población en sus casas, amenazan a los trabajadores con la pérdida de su trabajo si no se vacunan, y nadie sale a la calle a protestar. Mejor dicho no salían, porque en países como Francia, Italia, e incluso Suiza, los ciudadanos han comenzado a salir a la calle a protestar masivamente porque no se quieren someter a las directrices de los poderosos. En España no ha salido absolutamente nadie. Están delante del ordenador.